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Pedro González*

¿Estamos volviendo a la política de las cañoneras con la política de la administración Trump hacia Venezuela y otras partes de Latinoamérica?  El uso de las cañoneras, que en este caso es literalmente el uso de la fuerza naval, por parte de un país militarmente más fuerte para alcanzar un objetivo de política exterior.  Y si se están usando las cañoneras, ¿cuál es el objetivo?

Comencemos con el petróleo.  El petróleo es ineludible en el conflicto porque el grupo que está en el poder (Maduro et al) se beneficia del mismo y, si este grupo cae, otro grupo se beneficiará de las ganancias del petróleo.  Estados Unidos y otros países, especialmente los occidentales, se beneficiarían al tener un aliado a cargo de ese petróleo.  Pero controlar o adueñarse del petróleo venezolano no es la causa principal de este conflicto.  En la búsqueda de una salida negociada al mismo, Maduro le ofreció el petróleo a Estados Unidos con tal de que lo dejaran en el poder, por lo menos hasta el año 2028.  Trump rechazó esa oferta.  Estados Unidos es, en realidad, el mayor productor de petróleo en el mundo y el tercero en exportación.

Para entender este conflicto hay que dirigir la mirada hacia el secretario de Estado, Marco Rubio.  Hijo de inmigrantes cubanos que huyeron de la Cuba de Fidel Castro, Rubio es anticomunista y quiere ver liberada del comunismo a la patria de sus padres.  El objetivo no es sólo Venezuela, también es Nicaragua y Cuba.  Si Marco Rubio liberara a Cuba del comunismo, se convertiría en el gran libertador, su nombre entraría a la historia de la isla.

Traigamos ahora a la ecuación al principal, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.  Trump es también anticomunista, si se cae una dictadura comunista en un lugar, él lo consideraría un avance para esa sociedad.  Pero esa no es su cruzada.

Él tiene su base MAGA (Make America Great Again) que lo eligió para que resolviera los problemas de Estados Unidos y para que el país dejara de andar en guerras interminables por el mundo.  Esas guerras son costosas en vidas humanas y en recursos, que al final les cuesta a los estadounidenses.  Gente como el vicepresidente J. D. Vance, Tucker Carlson o Steve Bannon, del ala MAGA de la coalición que eligió a Trump, se oponen por esa razón a una invasión a Venezuela.

El mismo presidente no está interesado en una invasión.  No hay que olvidarse de que a él le gustaría ganar el premio Nobel de la paz y por eso no está interesado en promover guerras.  Una operación quirúrgica, si se da la oportunidad, la aprobaría; una operación como la de Irán, la autorizaría.  Ya aprobó, por ejemplo, acciones encubiertas en Venezuela.

A él le interesa promover su agenda y apoyar a sus aliados, como a Javier Milei o Nasry Asfura en Honduras, pero apoyarlos políticamente.  Eso puede incluir ayudarle a Milei a fortalecer el peso argentino, proceso en el cual el Tesoro de los Estados Unidos obtuvo una ganancia, y hasta liberar a un expresidente condenado por narcotraficante porque como Trump cree que a él lo acusaron falsa e injustamente, a Juan Orlando Hernández le pasó lo mismo.  Un gobierno elegido libremente por el pueblo ni Rubio ni Trump intentarían derrocarlo.

Dicho sea de paso, el apoyo ideológico transnacional siempre ha existido y va a existir porque las ideologías, como las religiones, no son nacionales.   A las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela las apoyan regímenes con ideologías similares a las suyas.  Esa es también intervención de otros Estados en los asuntos internos de estos países, y lo que es peor es que esa intervención se hace a favor de regímenes que el pueblo no apoya. 

La administración Trump dice que el despliegue militar en el Caribe es para combatir el narcotráfico.  Se dice que ese es el argumento que usó Rubio para convencer a Trump de hacer algo contra la dictadura de Maduro.  Hay que recordar que Trump no fuma ni bebe ni usa drogas y considera las drogas como algo muy malo.  No tendrá una buena dieta, pero no se le puede pedir alguien que creció en los Estados Unidos en los años 50 que se haga vegano y que comience a comer quinoa. Las drogas han matado a miles de personas en Estados Unidos, y Trump está tratando de detener eso.  De ahí su guerra contra el narcotráfico, aunque hasta ahora sólo lo hace por el lado de la oferta.  Un economista diría que hay que tomar en cuenta también la demanda porque hay una relación entre oferta y demanda. 

Pero no hay que olvidar que fue Maduro el que se metió a este problema.  Para beneficio de Venezuela bien pudo haber castigado a los militares y otros funcionarios que andan metido en el narcotráfico, ya que este destruye a los Estados; bien pudo haberle entregado el poder a Edmundo González, cuando este ganó las elecciones, para dedicarse a crear un partido moderno que represente a amplios sectores de su pueblo y volver al poder por medio de elecciones. 

La administración de Trump no estuviera haciendo lo que está haciendo si Maduro hubiera hecho eso.  ¿Significa que la política de las cañoneras ha regresado con Trump?  Realmente no.  La administración de Trump no va a andar buscando cómo extraer recursos naturales a la fuerza (el sector más grande de la economía de Estados Unidos es el de servicios), ni va andar usando la fuerza para destruir gobiernos con los que no esté de acuerdo cuando estos son legítimos, es decir, elegidos por el pueblo.  Eso no quiere decir que no usará la fuerza de su economía para promover y defender lo que él cree que son los intereses de Estados Unidos.

Los casos de Venezuela, Cuba y Nicaragua son diferentes por el factor Marco Rubio.  Y en el caso de Venezuela, Trump preferiría no intervenir y está estudiando las opciones que tiene y va a decidirse por una que sea rápida y que no sea costosa para Estados Unidos.  Preferiría que con la presión que está ejerciendo, el gobierno de Maduro se acobardara, dejara el poder y se fuera al exilio o que los militares le dieran un golpe de Estado. Y si Maduro le ofrece combatir el narcotráfico hasta es capaz de dejarlo en paz.

*El autor es nicaragüense.