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Nuestra vieja e inolvidable Managua

Henry Briceño | 16 diciembre 2025

La vieja Managua, la que destruyó el terremoto de 1972, no ha muerto. Aquella linda Managua vive en mí. En usted. En todos y todas. Managua con sus defectos estructurales sigue viva en el corazón de todos. Viva en la mente de los que le conocieron antes del sismo de 1931 y que se han ido amando a su Capital; intacta en la que le conocimos antes de 1972 y que aún conservamos en lo más hondo de nuestro ser sus calles, avenidas, referencias populares, sus personajes, en fin, no podemos olvidar a lo inolvidable.

Managua era y seguirá siendo una ciudad muy bella. Muy hermosa. Muy galana. Decimos algunas veces que Managua es desordenada, que no se sabe dónde inicia menos donde termina, pero al final la amamos. Somos fieles amantes. Amantes de la novia del Xolotlán.

NUESTRAS ABUELAS LO PREDIJERON:

“Managua se perderá. Un día de estos Managua se va a perder. Ya ocurrió en el pasado” decía la Mama Rosa –Bisabuela- desde su silla abuelita allá en el Jinotepe querido. Los chavalos jamás pusimos oídos a los “cuentos” “leyendas” sobre el terremoto ocurrido un tenebroso 31 de marzo de 1931, un martes Santo, a las diez con veinte y tres minutos de la mañana cuando Managua fue destruida. Jamás le creímos todo el “cuento”.

Los adultos de los años sesenta y setenta del siglo pasado hablaban del terremoto de 1931 como algo infernal. Que Managua significa Mana-agua, un sitio que mana-agua y que por tanto se perderá, que por su posición a orilla del lago la tendencia es que Managua sea inundada, todos los comentarios desembocaban en que la Capital nicaragüense estaba destinada a desaparecer.

Las historias algunas veces aburrían y nos distraían de nuestros juegos infantiles. Sin embargo, el comentario era coincidente entre personas adultas de la Capital. Managua podría perderse. Estamos en el ciclo, Managua podría desaparecer. Así pasó el tiempo sin que los jóvenes del sesenta e inicios del setenta del siglo recién pasado le otorgáramos el mínimo sesgo de interés a las pláticas de los y las abuelas. Lo cierto es que tanto y tanto abordar el tema y escucharlo, pues, sin duda que mucho sobre la trágica vida de la Managua querida quedó en nuestras mentes.

Managua, antes del sismo de 1931, ya había enfrentado sismos como los sucedidos en 1844 y 1885 con resultados catastróficos. Nuestra Capital ignoraba lo que le deparaba el destino en lo relacionado a terremotos de gran magnitud.

Managua fue destruida por un terremoto de 5.8 de intensidad en la escala Richter. 31 de marzo de 1931, martes Santo, diez con veinte y tres minutos de la mañana. Mil quinientos muertos y más de dos mil heridos. La Capital sucumbió por el fuerte temblor y sus respectivas réplicas, luego el incendio se encargó de hacer lo suyo en materia destructiva.

El sismo destruyó el Palacio de Comunicaciones, los Mercados Central y San Miguel, el Teatro Variedades, la Casa del Águila, templos de Candelaria, San Antonio, San Pedro, la Penitenciaría Nacional. Los edificios que quedaron en pie fueron arruinados por el terremoto. Muchos cadáveres fueron a fosas comunes. La mayoría de estas víctimas no fueron identificadas.

En la Penitenciaria murieron muchos marinos norteamericanos veinte y cuatro soldados y casi todos los reos. En los mercados se identificaron 65 cadáveres de mujeres y 17 varones los que fueron recogidos por sus deudos. Diversas construcciones que quedaron en pie fueron reparadas pero sus entrañas habían sido dañadas considerablemente, debido a esto, 41 años, 8 meses y 23 días después sucumbieron ante otro horroroso terremoto.

En breve TERREMOTO DEL 23 DE DICIEMBRE DE 1972.