google.com, pub-9466889741542306, DIRECT, f08c47fec0942fa0

Nicaragua: poder, impunidad y el fin de la excepcionalidad


Por Mauricio Samcam | 16 de enero 2026

Durante años, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo se sostuvo sobre una premisa peligrosa: la idea de que Nicaragua era una excepción. Demasiado pequeña para importar, demasiado marginal para activar mecanismos internacionales, demasiado controlada para colapsar. Esa excepcionalidad fue el escudo que permitió la represión interna, el aislamiento calculado y la impunidad externa.

Hoy, ese escudo comienza a resquebrajarse.

Un régimen que resiste, pero no gobierna

El poder del régimen nicaragüense ya no descansa en el consenso ni en la gobernabilidad, sino en la coerción permanente. Controla el territorio, pero no la legitimidad. Administra el miedo, pero no el futuro. Su estabilidad aparente es, en realidad, una forma de estancamiento político que solo puede sostenerse con un costo creciente.

Esta debilidad estructural ha convertido a Nicaragua en un factor de riesgo regional, no por su capacidad de influencia, sino por su fragilidad. Cuando un Estado deja de funcionar como Estado, se convierte en una variable geopolítica involuntaria.

Del aislamiento al tablero internacional

Lejos de blindar al régimen, el aislamiento lo ha colocado en un tablero geopolítico que ya no controla. Nicaragua es observada hoy no solo como un caso de autoritarismo interno, sino como parte de una dinámica regional donde Estados Unidos, América Latina y actores extra-hemisféricos redefinen prioridades de seguridad y estabilidad.

En ese contexto, Nicaragua aparece incluso en debates electorales estadounidenses, no como tema central, sino como símbolo. No por lo que ofrece, sino por lo que advierte: las consecuencias de ignorar a tiempo el colapso democrático en el hemisferio.

El fin de la impunidad automática

Quizá el cambio más significativo no sea político, sino jurídico. Los informes de la ONU, las resoluciones de la OEA y las acciones de la justicia argentina han desmontado una idea largamente asumida por el régimen: que el poder interno garantiza impunidad externa.

La justicia internacional no actúa con rapidez, pero actúa con memoria. La jurisdicción universal ha abierto una grieta irreversible en el muro de la impunidad. A partir de ahora, los responsables del régimen no enfrentan solo sanciones diplomáticas, sino riesgos legales personales, especialmente fuera de Nicaragua.

No es justicia inmediata. Es algo más inquietante para quienes detentan el poder: justicia posible.

Un proceso que no depende del régimen

La dictadura ha apostado a controlar todos los tiempos: el político, el judicial, el internacional. Pero hay procesos que ya no dependen de su voluntad. La documentación de los crímenes está hecha. Las víctimas están vivas y organizadas. El exilio ha internacionalizado la causa nicaragüense.

La pregunta ya no es si el régimen permitirá una transición ordenada o una rendición de cuentas interna. La verdadera pregunta es cuánto tiempo podrá retrasar procesos que avanzan fuera de su control.

Nicaragua deja de ser excepción

La historia reciente demuestra que ningún régimen autoritario es eterno, pero tampoco todos caen de la misma forma. Algunos colapsan de manera abrupta. Otros se erosionan lentamente, hasta que su caída parece inevitable en retrospectiva.

Nicaragua parece transitar este segundo camino. No con estallidos espectaculares, sino con desgaste acumulado: pérdida de legitimidad, aislamiento internacional, presión jurídica y una sociedad que, aun silenciada, no ha olvidado.

Una advertencia y una posibilidad

Para los responsables de la represión, el mensaje es claro: el mundo puede tardar, pero no olvida. Para las víctimas, el camino es largo, pero ya no está vacío. Para la comunidad internacional, Nicaragua es una prueba de que los mecanismos de derechos humanos y justicia universal no son simbólicos, sino acumulativos.

La dictadura de Nicaragua no ha dejado de existir, pero la excepcionalidad que alguna vez protegió su impunidad está terminando. Y eso, para un país que ha sufrido tanto, es ya una señal de esperanza.

Nota de autor

Mauricio Samcam es ciudadano nicaragüense, Ingeniero Agrónomo con especialidad en Desarrollo Rural y Biotecnología. Actualmente reside en Canadá en condición de exilio. Escribe desde la experiencia cívica y el compromiso con la democracia, los derechos humanos y el futuro institucional de Nicaragua.

Referencias
• United Nations Human Rights Council (OHCHR). (2023). Report on human rights violations in Nicaragua. ONU.
• Organización de Estados Americanos (OEA). (2022). Informe sobre la situación política y derechos humanos en Nicaragua. OEA.
• Teitel, R. (2000). Transitional Justice. Oxford University Press.
• O’Donnell, G. (1994). Delegative Democracy. Journal of Democracy, 5(1), 55–69.
• Kaufman, D., Kraay, A., & Zoido-Lobatón, P. (1999). Governance Matters. World Bank Policy Research Working Paper 2196.
• Stiglitz, J. (2015). The Great Divide: Unequal Societies and What Can Be Done About Them. W. W. Norton & Company.
• Lewis, W. A. (1954). Economic Development with Unlimited Supplies of Labour. Manchester School, 22(2), 139–191.