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Hay infiltración de la CIA en el círculo de seguridad de Ortega, según Arellano

El comentarista y excarcelado político nicaragüense Jaime Arellano hizo reveladoras declaraciones en entrevista con La Mesa Redonda que vuelven a poner el foco en el clima de tensión, miedo y reacomodo interno que —según su análisis— se vive dentro del círculo de poder de Daniel Ortega y Rosario Murillo, en un contexto regional marcado por la caída de Nicolás Maduro.

Arellano sostiene que el régimen nicaragüense atraviesa una etapa de paranoia agravada, en la que el temor a un desenlace similar al venezolano ha impactado incluso a la familia dictatorial y a las estructuras de seguridad.

“La CIA tiene infiltración dentro del círculo de Ortega”

Uno de los señalamientos más delicados del analista apunta directamente al nivel de penetración de inteligencia extranjera en Nicaragua:

La CIA tiene la infiltración en Nicaragua… tienen hasta gente dentro del círculo de seguridad de Ortega, eso te lo puedo garantizar”, aseguró Arellano.

La afirmación sugiere —según Arellano— que el aparato de seguridad del régimen no es hermético, y que actores internacionales tendrían información detallada sobre movimientos, infraestructura y decisiones internas del poder.

En su lectura, esto explicaría el incremento de medidas de resguardo, el aislamiento de Ortega y la supuesta ampliación de infraestructuras de seguridad, como búnkeres dentro del complejo de El Carmen.

Miedo tras el caso Maduro

Arellano vincula directamente este ambiente con lo ocurrido en Venezuela. Afirma que la captura de Maduro habría generado un “punto de quiebre psicológico” en la cúpula sandinista.

Según su relato, días después de ese hecho, los hijos de Ortega y Murillo habrían solicitado una reunión urgente para discutir escenarios de riesgo y posibles salidas.

Aunque estos datos no han sido confirmados de manera independiente, el comentarista insiste en que el episodio evidenció fisuras internas y preocupación real dentro del núcleo familiar.

Tensiones en el poder y señales hacia el Ejército

El análisis también apunta a tensiones entre Murillo y sectores del Ejército, especialmente tras decisiones relacionadas con relaciones internacionales y participación en eventos militares.

Arellano sugiere que dentro de las fuerzas armadas existe conciencia de que “no hay futuro” atado a la actual estructura de poder, aunque evitó detallar fuentes o evidencias.

¿Transición en el horizonte?

En medio de este escenario, el excarcelado plantea como posible salida la conformación de una junta de transición, integrada por actores del sector privado, oposición, sandinismo no orteguista y figuras cercanas al estamento militar.

El objetivo, según describe, sería desmontar el aparato institucional actual y convocar a elecciones en un plazo de hasta dos años, evitando un escenario de conflicto armado.

“Tragarse sapos”

Arellano reconoció que una eventual salida a la crisis en Nicaragua implicaría que distintos sectores, incluida la oposición, tengan que “tragarse sapos”, es decir, aceptar concesiones incómodas en función de evitar un escenario de mayor conflicto.

A su juicio, el objetivo central debe ser una transición ordenada que impida una guerra civil y permita reconstruir la institucionalidad democrática del país.

Arellano planteó que uno de los mayores desafíos será reconocer la existencia de una base social vinculada al sandinismo –según él, un 12%–, que no puede ser excluida ni perseguida en un eventual proceso de cambio político.

En ese sentido, advirtió que pretender eliminar completamente a este sector sería un error que podría profundizar las divisiones y abrir la puerta a nuevos ciclos de violencia.

En esa lógica, sostuvo que “tragarse sapos” también implica aceptar que algunos actores del actual sistema podrían tener algún nivel de participación en una transición, siempre bajo condiciones claras y sin garantías de impunidad.

Según explicó, el reto será equilibrar justicia y estabilidad, evitando tanto la venganza como la repetición de prácticas autoritarias.

Arellano insistió en que la oposición debe actuar con madurez y presentar una propuesta viable de país, capaz de integrar a distintos sectores y generar confianza tanto a nivel interno como internacional. Solo así, afirmó, se podría facilitar una salida negociada que priorice la paz y siente las bases para elecciones libres y transparentes.