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El periodismo nicaragüense: La pluma que no se doblega

Domingo 1 de Marzo del 2026

Cuando la historia de un pueblo se escribe con sangre, tinta y silencios arrancados a la fuerza, hay quienes tienen el valor de tomar la pluma no como un instrumento de poder, sino como un arma de luz. En Nicaragua, ser periodista no es una profesión: es un apostolado.

El 1 de marzo celebramos el Día Nacional del Periodista, y lo hacemos con la memoria encendida. Aquel 1 de marzo de 1884, en la ciudad de Granada, un joven de apenas 24 años llamado Rigoberto Cabezas, sin tener un título de periodista,  fundó El Diario de Nicaragua, el primer periódico del país. Lo hizo con un propósito tan claro como profético: educar al pueblo, estudiar los problemas nacionales, informar lo bueno y lo malo de los gobiernos. Dijo entonces que ese diario no sería órgano de aspiraciones mezquinas, sino centinela avanzado de los intereses del país.

A los setenta días, el periódico fue cerrado por el gobierno de turno, entonces de corte Conservador, pero esos setenta días marcaron con buena brújula la misión del futuro del periodismo nicaragüense. Rigoberto Cabezas fue expulsado a Guatemala, acusado de conspirar contra la libertad de prensa. Pero el exilio no lo doblegó. Desde tierras extrañas escribió al presidente Adán Cárdenas con la verdad por delante diciéndole  que su expulsión representaba  un golpe a la libertad de imprenta. Y aunque lo echaron de Guatemala a México en un segundo exilio, nunca traicionó su conciencia. Prefirió el destierro a la mentira.

Esa es la estirpe del periodista nicaragüense. Una estirpe que luego regaría con su sangre Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por dedicar su pluma a la libertad y la democracia. Una estirpe que hoy, más de un siglo después, sigue siendo perseguida, ultrajada, silenciada y exiliada.

Ser periodista en Nicaragua es caminar descalzo sobre  las brasas. Es enfrentarse a poderes económicos que compran conciencias, a poderes políticos que criminalizan la verdad, a intereses oscuros que prefieren que el pueblo viva en la penumbra de la ignorancia. El periodista pone su  cuerpo, su familia y su vida en la raya del peligro, solo para que el pueblo, en algún rincón del país, sepa lo que realmente ocurre.

Y aunque existen quienes usan el micrófono como negocio, quienes convierten la noticia en moneda de cambio o ponen sus escritos como  francotiradores al servicio de los poderosos, hoy no hablamos de ellos. Hoy hablamos de los que resisten. De los que, como Rigoberto Cabezas, son expulsados una y otra vez, y aún así siguen escribiendo. De los que, desde el exilio, sostienen la verdad con los dientes apretados. De los que, en Nicaragua, se juegan la vida por develar la inmundicia que hierve entre los ricos y poderosos de la Dictadura, por denunciar la injusticia que sufre el pueblo, por alumbrar lo que quieren esconder.

Hoy, muchos periodistas nicaragüenses —la mayoría— viven el destierro, y he tenido el honor de conocer muchos de ellos. Se  de otros que en el territorio nacional, como en catacumbas hacen llegar la noticia, porque viven silenciados, amenazados, sobreviviendo con la tos de la represión atravesada en la garganta. Otros, lejos de su patria, cargando la nostalgia y el dolor de no poder contar desde adentro lo que desde afuera duele igual. Pero ninguno ha renunciado. Ninguno ha cambiado la verdad por la comodidad.

Por eso, en este 1 de marzo, cuando celebramos el Día Nacional del Periodista, no celebramos fechas ni decretos. Celebramos el coraje el apostolado del periodista nicaragüense. Celebramos a quienes han hecho del oficio una trinchera. A quienes, como Rigoberto Cabezas, entendieron que la libertad de prensa no es un privilegio, sino un derecho del pueblo a conocer la verdad.

Que viva el periodista nicaragüense. Que viva el que escribe con miedo, pero escribe. El que filma a escondidas, el que denuncia sin firma, el que desde el exilio levanta la voz para que no nos acostumbremos a la oscuridad. Que viva el que cree que educar al pueblo es el primer paso para liberarlo.

Y que su ejemplo nos recuerde siempre que donde hay un periodista de verdad, hay un centinela que no duerme. Hay un pedazo de patria que resiste. Hay una luz que, aunque la apaguen una y mil veces, vuelve a encenderse.

¡Que vivan los periodistas nicaragüenses en su día!

LA DEMOCRACIA SE CONSTRUYE, HAGAMOSLA!

DR. DANILO MARTINEZ R.