Roberto Garnieri
Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan parlamento.
Nelson Mandela
La palabra democracia viene del griego y significa poder (kratos) del pueblo (demos) mientras autocracia significa poder (kratos) propio (auto) o poder absoluto. Este artículo resalta y analiza una problemática actual que se instala poco a poco en muchos países y que tiene que ver con la evolución del mundo actual. Es preocupante ver los cambios progresivos que suceden en muchos países de la democracia hacia la autocracia; ante todo, es importante volver a la definición o las definiciones de esta palabra, ya que este concepto puede tener varias acepciones. En el transcurso de esta lectura, veremos cómo aprovechar la situación internacional actual y lo que podría suceder con Nicaragua.
Democracia ¿qué creemos que es?
Hace casi un siglo, Bertrand de Jouvenel decía “las discusiones sobre la democracia […] carecen de valor intelectual, ya que no sabemos de lo que estamos hablando”1. Por lo tanto, resulta importante esclarecer algunos conceptos que pueden ser confusos. Partiremos de lo que dice Giovanni Sartori “toda doctrina democrática, reside en que el poder sólo es legítimo cuando procede de la autoridad del pueblo y está basado en su consentimiento”2. En lo esencial, la democracia es una forma de gobierno o un régimen político. Este régimen político está definido sobre tres ejes: “una forma de organizar socialmente el poder político a partir de ciertos principios y mecanismos que regulan la relación entre Estado y Sociedad, orientada a resolver institucionalmente cuestiones de gobierno, la vinculación de los individuos con el Estado y la resolución de los conflictos y las demandas sociales”3. Los regímenes políticos se distinguen entre unos y otros por la forma en que se resuelven, doctrinaria y fácticamente, estos tres conflictos principales4.
La Enciclopedia Britanica define el término como “una forma de gobierno basada en el autogobierno del pueblo y, en la época moderna, en instituciones representativas libremente elegidas, un poder ejecutivo responsable ante el pueblo, y una forma de vida basada en el supuesto fundamental de la igualdad entre los individuos y su igual derecho a la vida, la libertad (incluyendo la libertad de pensamiento y expresión) y la búsqueda de la felicidad.” Pero, en la Enciclopedia Francesa de Diderot, la democracia se asocia a la idea de igualdad y ya no a la de “libertad”.
Federico Saggese escribió algo muy interesante4,5, y compara diferentes tipos de democracia en la historia política del mundo occidental moderno y analiza “la influencia que una caracterización profunda y compleja, puede tener sobre nuestras nociones de régimen político, teoría de la representación, república, sistemas electorales, toma de decisiones colectivas, igualdad material, libertad política, división de poderes y sistema de frenos y contrapesos.”
Se recomienda a los lectores interesados, la lectura de los artículos originales. En todo caso, a continuación, se hizo una pequeña síntesis de este trabajo sobre los modelos teóricos de la democracia: 1. Teoría pluralista de la democracia. Este modelo concibe la política como un mercado de intereses en competencia, donde la democracia se limita a agregar preferencias mediante el voto. Desconfía de la racionalidad de las mayorías y por ello, promueve sistemas de frenos y contrapesos y una representación elitista orientada a proteger a minorías económicas y propietarios. El sistema representativo adquiere así un carácter contra mayoritario, justificando que los representantes decidan incluso contra la voluntad popular, bajo la premisa de que existen “verdades políticas” accesibles sólo a los más capacitados; 2. Democracia populista o republicana. Defiende el autogobierno y la soberanía popular como indelegables. Considera que las mayorías, mediante participación directa y deliberación, pueden adoptar decisiones imparciales. Promueve mecanismos de control estricto sobre los representantes —mandatos revocables, instrucciones obligatorias, rotación de cargos— y rechaza instituciones consideradas aristocráticas, como el Senado o el control judicial de constitucionalidad. Este modelo vincula estrechamente democracia, igualdad material y virtud cívica, y concibe al Estado como activo en la promoción de ciertos valores colectivos; 3. Modelo garantista de la democracia constitucional. Propone una democracia sustancial, en la que los derechos fundamentales, limitan a las mayorías. La Constitución funciona como una garantía frente al poder político, al establecer contenidos sustantivos indisponibles incluso por decisión unánime. Los derechos civiles, políticos y sociales son condiciones constitutivas de la democracia, y su violación implica ausencia democrática. Este enfoque se asocia al Estado de Bienestar y sostiene que sin condiciones materiales mínimas no puede existir una participación democrática real; 4. Democracia deliberativa. Sostiene que la legitimidad democrática surge de la deliberación pública racional entre ciudadanos libres e iguales, más que de la mera votación. La discusión colectiva mejora la calidad de las decisiones, legitima los resultados y fortalece las capacidades morales y cognitivas de los participantes. Rechaza la democracia puramente agregativa y el gobierno por el número, privilegiando el consenso razonado y la construcción de razones públicas, aunque sin admitir mandatos imperativos que limiten la autonomía de los representantes; 5. Marxismo‑leninismo. Concibe la democracia como inseparable de la igualdad material y la autodeterminación social. Denuncia a la democracia liberal como formal y funcional a la dominación de clase, al sostener que el Estado y el Derecho son instrumentos de la clase económicamente dominante. Propone una etapa de democracia socialista, orientada a la supresión de las clases y la eventual extinción del Estado, donde el poder político deje de ser un mecanismo de dominación; 6. Democracia radical y plural. Desde una perspectiva crítica, rechaza la posibilidad de un consenso racional universal. Afirma que el conflicto es constitutivo de lo político y que toda hegemonía democrática implica exclusión. Frente a ello, propone una democracia agonista (lucha entre adversarios), en la que los antagonismos se transforman en disputas entre adversarios legítimos, preservando el pluralismo y evitando el cierre definitivo del proceso democrático.
Además de hacernos reflexionar sobre el estado de la democracia actual, muestra la necesidad de replantear el diseño institucional de las democracias existentes en materia de división de poderes o sistemas de representación política. Saggese concluye su trabajo por la reflexión siguiente:
“con la democracia sola (cualquiera sea su conceptualización) no alcanza. En efecto, la democracia actual es compatible con la desigualdad, la irracionalidad, la injusticia, los malos salarios, el desempleo, la aplicación particularista de las leyes, la mentira, la ofuscación, el estilo policial tecnocrático e incluso una dosis considerable de violencia arbitraria. Entonces, concluiremos (juntos, esperamos), que una mejor y más fuerte democracia, puede ser el camino a seguir para empezar a construir naciones con paz, justicia social, equitativa distribución de la riqueza, inclusión e igualdad real de oportunidades. No hay recetas mágicas, ni soluciones unidimensionales, pero la verdadera democracia (tanto en su faz formal como material) será siempre parte del objetivo.”
Algunos datos6
Según el instituto sueco V-dem7, en 2022, el 72% de la población mundial vivía en autocracias y el nivel de democracia del ciudadano promedio mundial se situaba en los niveles de 1986. Por primera vez en más de dos décadas, el mundo tenía más autocracias cerradas (involucrando al 28% de la población) que democracias liberales (involucrando al 13% de la población); aunado a esto, la libertad de expresión se deterioró en 35 países; hace diez años era tan sólo en 7 países. La censura gubernamental de los medios de comunicación empeoró en 47 países. La represión gubernamental de las organizaciones de la sociedad civil se agravó en 37 países y la calidad de las elecciones empeoró en 30 países. El número de países en vías de democratización se redujo a 14, con sólo el 2% de la población mundial. No eran tan pocos desde 1973, hace más de 50 años. Este fenómeno afecta a todas las regiones, pero África alberga el mayor número de países en proceso de democratización (N=5) y de autocratización (N=12).
Dos años más tarde8, en 2024, desafortunadamente, los niveles de democracia para el ciudadano promedio del mundo han vuelto a 1985 cuando el mundo tenía menos democracias (N=88) que autocracias (N=91) por primera vez en más de 20 años. El 72% de la población sigue viviendo en autocracias y solamente el 6% de la población viven en países que presentan mejoras en su democracia interna. En el 2012, el porcentaje de población que vivían en autocracias era del 46 %, pero era del 49% en el 2004. De la misma manera, el 51% de la población vivía en democracias en el 2004 pero solamente el 28% en el 2024. La pérdida de libertad de expresión es alarmante: su nivel ha disminuido en 44 países para 2024. Esta cifra es mayor que los 35 países del informe anterior. Las elecciones limpias se encuentran en declive en 25 países, la libertad de asociación en 22 países y el estado de derecho en 18 países.
La tendencia sigue. En el último informe correspondiente al año 20259, para el ciudadano promedio mundial, el nivel de democracia regresó a los niveles de 1978. Las ganancias de la “tercera ola de democratización” que empezó en Portugal en 1974 son completamente erradicadas. El nivel de democracia en Europa Occidental y America del Norte está en su más bajo nivel en los últimos 50 años, en particular debido a la autocratización en curso, en los EE. UU. que ha perdido su estatuto de democracia liberal y a procesos de autocratización de cinco países europeos. Al final del año 2025, se contabilizaban 92 autocracias y 87 democracias. El 74% de la población mundial vive ahora en autocracias y eran solamente el 50% en el año 2005. La libertad de expresión continua a la baja y la tortura aumenta con el fin de luchar contra los oponentes políticos.
La situación es preocupante y afecta a países que hace poco eran considerados como el estándar de la democracia y modelos para Centroamérica como es el caso de Costa Rica, por ejemplo. En un artículo reciente10, Juliana Martínez Franzoni criticaba fuerte y justamente al presidente saliente de Costa Rica por sus últimas declaraciones. La cito:
“El presidente de Costa Rica Rodrigo Chaves habló de “limpiar” el país de comunistas… No fue solo una frase: la acompañó con gestos que sugerían que no hablaba de adversarios políticos, sino de algo que hay que eliminar. Costa Rica se suma así a una tendencia regional inquietante en la que las autoridades, mayoritaria e irónicamente hombres que posiblemente nunca tocaron un trapo, quieren “limpiar”. Quieren eliminar comunistas, feministas, ambientalistas, globalistas, todo aquello que incomoda al poder. No se trata sólo de retórica incendiaria, sino de un programa político cuyo motor es el odio a la diferencia y los controles. Ya no estamos principalmente ante golpes de Estado o cambios abruptos del régimen político. Vivimos cambios más sutiles y por eso mismo, más difíciles de detectar: una erosión democrática gradual, que se apoya en leyes, procedimientos administrativos y, sobre todo, en discursos que redefinen quién tiene derecho a participar en la vida pública. En distintos países de la región, los gobiernos han impulsado leyes que restringen la acción de organizaciones sociales, especialmente aquellas vinculadas a derechos humanos, el género o el ambiente. En la práctica funcionan como mecanismos de disciplinamiento.”
Y más adelante añade:
“No hace falta prohibir la disidencia si se la puede asfixiar […] En este marco, conceptos como “soberanía” adquieren un nuevo significado. Ya no se refieren únicamente a la relación entre países, sino que se utilizan para la cacería de brujas. La cooperación internacional, es injerencia; las organizaciones sociales, son agentes externos.”
Y concluye:
“Al final, una democracia no se mide únicamente por sus elecciones, sino por la vitalidad de su espacio público. Y cuando ese espacio se “limpia” de voces incómodas, lo que está en juego no es un sector u otro, sino la existencia de ciudadanía y el fin del sistema democrático. Estamos avisados y avisadas, y aunque usted no sea comunista, preocúpese de todas maneras; pronto le puede tocar.”
Recordaré esta reflexión del siglo pasado de Martín Niemöller que va en el mismo sentido11:
“Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío. Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre.”
Este fenómeno de autocratización se nota todos los días en particular con las mentiras, incoherencias y guerras del presidente en turno de los EE. UU., D. Trump (y de sus seguidores) y podría llevar al mundo hacia una tercera guerra mundial. Pero, irónicamente, podría permitir a algunos países liberarse del yugo de regímenes que se autoproclamaron socialistas y que nunca lo fueron.
El gobierno de Jimmy Carter12
Jimmy Carter fue presidente de los EE. UU. de 1977 a 1981. Su periodo presidencial se caracterizó por la defensa de los derechos humanos y la democracia. Cuando asumió, “America Latina estaba en medio de la tormenta”. Guatemala y Nicaragua enfrentaban guerras civiles, y casi todos los países de Suramérica estaban bajo dictaduras. Incluso naciones tradicionalmente democráticas como Chile y Uruguay estaban gobernadas por regímenes militares brutales. Argentina, durante su “Guerra Sucia”, fue el teatro de una de las represiones más violentas, con hasta 30,000 personas asesinadas, lo que, de hecho, niega J. Milei, el presidente actual de Argentina, quien más joven fue asesor de Ricardo Bussi quien llegó a ser elegido legislador en los años noventa en la región de Tucumán13.
“Antes de J. Carter, la política exterior de EE. UU. frecuentemente apoyaba a dictaduras alineadas con los intereses americanos, independientemente de sus abusos a los derechos humanos. F. D. Roosevelt justificó famosamente su respaldo al dictador de Nicaragua, Anastasio Somoza García, diciendo: “Puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.
Carter adoptó un enfoque radicalmente diferente. Puso fin al apoyo al hijo de Somoza García, Anastasio Somoza Debayle, y suspendió la ayuda militar a regímenes opresivos. Su administración criticó las violaciones de derechos humanos, promovió elecciones libres y transfirió el control del Canal de Panamá a Panamá, un acto emblemático de soberanía para la región.”14
Quién sabe lo que hubiera pasado en Nicaragua, sin el fin del apoyo a Somoza por parte de Carter. Su política de derechos humanos provocó el fin de otras dictaduras en Argentina, Brasil y Paraguay. Lo que se quiere subrayar aquí, es que su actitud provocó un terremoto de tal manera que permitieron esos cambios.
La situación con D. Trump podría ser parecida ya que sus inconsistencias, contradicciones, provocaciones y mentiras son otro tipo de terremoto. En el caso de Venezuela con la extracción de N. Maduro y su esposa y la entrega del poder a la vicepresidenta D. Rodríguez, borrando del mapa a M.C. Machado, se confirma que, lo que le interesa a Trump, es el petróleo venezolano y que la “transición” siga su curso tranquilamente sin que haya demasiado ruido, lo cual sería un impedimento para los negocios, ya que era muy probable que instalar a M.C. Machado hubiera llevado a una confrontación mucho más fuerte que la que existe ahora. Unos lo verán como una intromisión insoportable del imperialismo gringo en contra de la revolución bolivariana, sin tomar en cuenta que Maduro no era Chavez y que muchos de los progresos de la época de Chavez se fueron al bote con Maduro; otros como el regreso lento a una democracia, ya que D. Rodríguez, tiene que organizar elecciones en el marco de la constitución actual.
Según D. Trump y M. Rubio, le siguen Cuba y Nicaragua. Es cierto que hay una gran diferencia con Venezuela, estos dos países no tienen petróleo, pero hay que estar en contra de cualquier intervención militar y ser solidario de los pueblos de Cuba y Nicaragua, pero tampoco se puede sostener a gobiernos, que negaron en los hechos, que el socialismo es democracia, en caso de que estos se consideren socialistas. El carácter socialista de un país no se decreta sino que es una construcción progresiva, que favorece la democracia en todos sus niveles, la satisfacción de las reivindicaciones populares y el progreso del país.
Hablando de Nicaragua
Según el comentario de un amigo que visitó Nicaragua recientemente, parece que el pueblo perdió el miedo y que la gente, empieza nuevamente a hablar en contra del gobierno, incluso en la calle. Es una buena noticia, después de ocho años de temor, de represión, que, no obstante, sigue activa, y sobre todo, muestra que el régimen no sabe qué hacer. Liberaron a algunos presos políticos, pero varios siguen en la cárcel y desaparecidos, permitieron a algunos a regresar a Nicaragua, y abrieron modalidades de renovación de pasaporte tanto en línea como presencial en los consulados. Todo eso se debe a la presión latente del gobierno norteamericano y de una resistencia interna que no ha bajado, aunque discreta. Es una lástima que esos (todavía) pequeños cambios, ocurran bajo el efecto del gobierno de EE. UU., pero hay que aprovecharlo. No se trata de pedir una intervención militar, como algunos grupos nostálgicos de Somoza lo sueñan, intervención que en ningún país llegó a instalar gobiernos democráticos. La democracia no es sólo votar, designar periódicamente a unos dirigentes por un periodo determinado; es solamente una de las formas de la democracia, bastante conservadora y limitada como lo vimos anteriormente.
Aun desconocemos lo que va a suceder luego. Se comenta que existen negociaciones con algunos representantes del régimen y el gobierno de Estados Unidos sin más detalles. En cualquier caso, los partidos y organizaciones que tienen gente dentro y fuera de Nicaragua, tienen que estar listos frente a cualquier oportunidad. En un marco de lucha cívica pacifica se tendrán que abrir discusiones y negociaciones, sobre el futuro de Nicaragua y la reinstauración de una república. Que este año puede ser crucial, es probable. La reorganización de algunos grupos de oposición en el exilio como CxL y Rutas del cambio, la hiperactividad alrededor del padre Benito muestran por lo menos, que la oposición es sensible al cambio de la situación internacional y que tienen que hacer algo. Todos dicen que quieren el restablecimiento de la democracia en Nicaragua, que tiene que haber una transición a la democracia, de acuerdo. ¿Qué tipo de democracia? esa es la pregunta, y ¿cómo hacemos? es otra.
A modo de conclusión, terminaré por estos párrafos extractos del trabajo del abogado peruano Alberto Borea Odría15:
“La democracia permite, en suma, una participación ordenada de la población donde todos los intereses pueden tener cabida y donde puede debatirse ampliamente acerca de la conveniencia o inconveniencia de los distintos postulados propuestos por diversas personas o grupos de personas, de tal manera que todos son parte del proceso político.
La democracia ha sido un sistema que, desde su reaparición asociada a los derechos humanos ha ido ganando espacio en el concierto político de las naciones. Conforme la persona va descubriendo sus valores va alcanzando la convicción que es en este sistema en que el ser humano encuentra su mejor posibilidad de autogobierno.
Proteger este sistema es tarea de todos los ciudadanos de América que queremos seguir siendo tales: ciudadanos dignos y libres.”
Añadiría que es también tarea de todos los ciudadanos en cualquier país del mundo. En un mundo cada vez más orientado hacia gobiernos autocráticos como lo señala el instituto V-dem, la lucha para la defensa y la progresión de la democracia parece más que nunca de actualidad. Esperemos que, por lo menos, Nicaragua sea parte de esto.
Referencias
1. B. de Jouvenel, Power. The natural history of its growth, p. 338, London: Batchworth (1948).
2. G. Sartori, Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales, p. 489, Volumen 3. Madrid: Aguilar S.A. (1974).
3. B. Ackerman, Hacia una síntesis Latinoamericana, en: La democracia en América Latina. El debate conceptual sobre la democracia, PNUD, ONU, Buenos Aires: Alfaguara, pp. 87-101, (2004).
4. F. Saggese, ¿Qué es la Democracia? Diferentes aproximaciones al concepto. La Democracia como Régimen Político, pp. 669-689, Revista Anales de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. UNLP. Año 14, Nº 47 (2017).
5. F. Saggese, ¿Qué es la Democracia? Diferentes aproximaciones al concepto. La Democracia como Régimen Político (segunda parte), pp. 788-810, Revista Anales de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. UNLP. Año 15, Nº 48 (2018).
6. En esta parte no se hace distinción entre los diferentes tipos de democracia sino entre democracia y autocracia.
7. Reporte de la democracia 2023, https://v-dem.net/documents/35/V-dem_democracyreport2023_espanol_med.pdf
8. Informe sobre la democracia 2025, https://v-dem.net/documents/62/V-Dem_Democracy_Report_2025_spanish_lowres.pdf
9. Reporte de la democracia 2025, https://v-dem.net/documents/75/ V-Dem_Institute_Democracy_Report_2026_lowres.pdf
10. J. Martínez Franzoni, ¿Limpiar de comunistas, feministas… y todo lo que estorbe?, Divergentes, 19 de marzo 2026, https://www.divergentes.com/limpiar-comunistas-discurso-politico-costa-rica-democracia-opinion/
11. M. Niemöller (1892-1984) fue un prominente pastor luterano de Alemania. En la década de 1920 y los primeros años de la de 1930, simpatizó con muchas ideas nazis y apoyó movimientos políticos de extrema derecha, pero después de que Adolf Hitler subió al poder en 1933, Niemöller se volvió un fuerte crítico de la interferencia de Hitler en la iglesia protestante. Pasó los últimos ocho años del dominio nazi, de 1937 a 1945, en prisiones y campos de concentración.
12. Parte de lo escrito en esta parte proviene de discusiones fructíferas con un exministro del gobierno sandinista de los años 80.
13. Hijo de Antonio Domingo Bussi, condenado por crímenes de lesa humanidad, uno de los represores del régimen militar argentino.
14. El legado latinoamericano de Jimmy Carter es su logro más destacado, Latin American Post, January 3, 2025, https://latinamericanpost.com/es/analisis-es/el-legado-latinoamericano-de-jimmy-carter-es-su-logro-mas-destacado/
15. A. Borea Odría, Democracia, Derecho & Sociedad, pp. 60-70, 18 (2002). https://revistas.pucp.edu.pe/index.php/derechoysociedad/article/view/16916
