google.com, pub-9466889741542306, DIRECT, f08c47fec0942fa0

El plato de comida a merced del mundo: El impacto invisible de la crisis en Medio Oriente

San José, 15 de abril de 2026. En un mundo donde las fronteras económicas son cada vez más delgadas, la estabilidad de la mesa costarricense no se decide únicamente en los campos de Zarcero o las llanuras del Norte, sino en las tensiones que sacuden el Golfo Pérsico. A pesar de que Costa Rica reporta cifras de inflación históricamente bajas, el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente ha encendido las alarmas sobre un inminente aumento en el costo de vida, impulsado por nuestra profunda dependencia de insumos importados.

La verdad detrás de la inflación «negativa»

Para el economista y exviceministro de Hacienda, Fernando Rodríguez, la actual sensación de alivio en los precios es un espejismo que podría desvanecerse pronto. Rodríguez ha explicado que la inflación negativa que celebra el Banco Central está sostenida, en gran medida, por el tipo de cambio bajo, pero que esta no protege al país de un «choque de oferta» externo. Si el precio del petróleo sube debido al conflicto, el costo de los fletes marítimos y de la gasolina en el país neutralizará cualquier beneficio del dólar barato, encareciendo desde el transporte público hasta los alimentos básicos.

El peligro de los fertilizantes

A este escenario se suma una preocupación crítica para el sector agropecuario: el costo de los agroquímicos. El analista internacional Carlos Murillo Zamora ha señalado que la inestabilidad en las rutas comerciales del Mar Rojo afecta directamente la llegada de fertilizantes y materias primas esenciales para la producción nacional. La implicación es directa: un agricultor que paga más por sus insumos debido a una guerra a miles de kilómetros, se ve obligado a trasladar ese costo al consumidor final en la feria del agricultor, castigando especialmente a las familias de menores ingresos y a la comunidad migrante que destina la mayor parte de su presupuesto a la alimentación.

La ruta hacia la autonomía alimentaria y energética

Frente a esta vulnerabilidad, la solución técnica que plantean los expertos no es el subsidio ciego, sino la resiliencia estructural. Voces desde la Universidad de Costa Rica (UCR) sugieren que el país debe acelerar su transición hacia biofertilizantes producidos localmente y fortalecer el programa de seguridad alimentaria que permita depender menos de los granos básicos importados. Informar con la verdad es decirle al país que, mientras sigamos atados al petróleo y a insumos externos, nuestra soberanía económica será siempre «prestada» y estará sujeta a los vaivenes de conflictos ajenos.

Un llamado a la previsión estatal

La verdadera solución para enfrentar estas crisis externas pasa por una gestión gubernamental que deje de mirar los indicadores macroeconómicos de forma aislada. La administración entrante de la presidenta electa Laura Fernández recibirá un país con una economía abierta pero frágil ante el entorno global. El reto será transformar esta alerta internacional en una oportunidad para invertir en energía limpia y apoyo técnico al campo, asegurando que, sin importar lo que suceda en el resto del mundo, el plato de comida de los costarricenses y de quienes han elegido este país como su hogar siga siendo sagrado.