Manuel Orozco
La vida transnacional en Nicaragua se respira día a día en el país, en medio de complejidades y realidades, para los que están aquí y allá, y por supuesto, pone en entredicho a la dictadura misma. Esta complejidad se refleja en la dispersión de la vida transnacional, el efecto económico para el país, la angustia migratoria de quienes están afuera, y la represión que amenaza esta forma de vida.
Nicaragua se enfrenta a cambios difíciles en el futuro cercano, entre el retorno de más de 40,000 nicaragüenses, una desaceleración de las remesas, la incertidumbre del retorno y el miedo a la represión, la expectativa sobre la calidad de vida y el estado de negación de muchos.
Una diáspora emergente y legítimamente en el exilio
La dispersión nicaragüense en el mundo no ocurre como parte de un proceso de integración a la economía global, sino como respuesta a una ola represiva que se desencadena tras la crisis del 2018 y se agrava con un fuerte movimiento migratorio en 2022, después del encarcelamiento de los líderes cívicos del país. No se puede ocultar esa realidad porque va más allá del desaceleramiento económico que, para 2022, ya había superado la recuperación a través del endeudamiento externo y la captura del Estado.
Desde el período de la crisis hasta el presente, el número de nicaragüenses fuera de su país se duplicó, creando un entorno transnacional de múltiples dimensiones, entre ellas el exilio de miles de ciudadanos cuyo vínculo con la vida cívica fue cercenado, y familias que deciden irse frente al ambiente hostil y a la falta de oportunidades económicas que prevalecen. La gran mayoría de los casi un millón de nicas que se fueron reorganizan su vida como una familia transnacional, manteniendo sus obligaciones entre fronteras, cuidando de sus hijos desde afuera, enviando dinero con lo poco que ganan.

Lo económico en la transnacionalidad
Para muchos, el tema de las remesas, que antes del 2022 era casi desconocido, es un asunto prioritario y no es para menos.
La migración desató un fuerte flujo de remesas que creó una gran dependencia económica de la misma gente que tuvo que emigrar. Para 2026 serán más de $7 mil millones, o 32% del ingreso nacional, pero para un país en el que el gasto e inversión pública no se traducen en bienestar, la realidad es que las remesas sostienen el 43% del consumo privado, un porcentaje parecido al número de hogares que dependen de remesas. Esta dependencia implica que un cambio drástico en su comportamiento afectará la economía del país e incluso las arcas del Estado que chupan impuestos entre quienes consumen del ingreso de remesas. Estadísticamente, un aumento de las remesas del 3% aumenta el PIB en 1%, de igual forma la desaceleración de las mismas afectará el crecimiento.

Lo migratorio de lo transnacional
Detrás de ese dinero que se envía desde Los Ángeles, San José, Madrid o Ciudad de Panamá está una multitud de gente angustiada por su futuro, porque en la gran mayoría de estas poblaciones su autorización legal en el país no está clara.
En España, Panamá o Costa Rica, hay papeles pendientes por completar para obtener plena residencia. Y la coyuntura en Estados Unidos es completamente adversa a esta comunidad que recién llegó. De los cerca de medio millón de personas que llegaron a Estados Unidos desde la crisis política, la mayoría está en el limbo.
Mas de la mitad no solo está en situación irregular, pero están expuestos a las redadas que están ocurriendo en todo el país. Casi 14,000 nicaragüenses fueron deportados en 2025 y este año el número superará los 15,000. Prácticamente, el equivalente a quienes ya tienen orden de deportación (45%) ha sido expulsado. Encima de eso, de un total de 221,000 solicitantes de asilo, solo se han procesado 20,000 y de esas el 90% fue denegado.
La gente está asustada. No tiene ningún amparo legal, se encuentra desolada, angustiada y acongojada porque la idea de volver es un asunto existencial para una mayoría que ya había abandonado la idea de volver a Nicaragua y que la atemoriza volver a un país sin oportunidades y con un Estado policial que los recibe en el aeropuerto.
La mayoría, aun quienes han optado por acogerse al retorno voluntario, está asumiendo el riesgo de quedarse y exponerse a ser detenidos y expulsados.
Las familias están pendientes de sus familiares, y de la angustia por la que pasan, que va más allá de si dejarán de recibir remesas, sino de cómo se las arreglan para vivir en el país y de forma segura. Las llamadas entre familias incluyen siempre la advertencia, “Cuídate bien, que no te agarren en la calle”. Las mamás le dicen al hijo, “Ahorrá más de lo que podas, por si acaso te pasa algo”.
Sin embargo, la paradoja es que ellos usaron los ahorros para enviar más dinero y hasta han pasado de un trabajo fijo a uno más variable para que no los agarren en un solo lugar. Todos los días, uno se despierta pensando en qué será de mi hoy. Eso es la definición de vivir el día a día.


La represión transnacional
Y si, lo otro es el entorno de la represión transnacional. El que no estuvo metido en alguna protesta, aun así se preocupa que lo devuelvan y lo vigilen o detengan, el temor es latente. También está el familiar que quiere viajar a ver a su familia afuera, pero no se atreve por temor a que no lo dejen entrar de nuevo, porque nunca se sabe cómo funciona ese proceso de entrada y salida.
Y los que son propiamente exilados han sido afectados física y sicológicamente por la violencia del régimen fuera del país: diez asesinados y muchos intentos de asesinato, todos impunes, constituyen un arma de control y vigilancia que la dictadura mantiene y que es un secreto bien guardado que los nicaragüenses dentro del país desconocen. Ellos también temen que sus solicitudes de asilo sean denegadas caprichosamente por jueces que desconocen la situación del país y que los manden a un tercer país ‘seguro’. Es un ambiente tenso en el que la noción de protección es una abstracción, porque en la realidad brilla por su ausencia.
¿A dónde va la familia transnacional nicaragüense?
Hay circunstancias materiales inevitables para esa vida transnacional, desde la disminución de remesas, el retorno de miles de nicas, hasta el temor al asedio policial. Además de la gente en Estados Unidos, hay un retorno temporal entre quienes vivían en Costa Rica. Entre 2025 y junio de 2026, las solicitudes de refugio y estadías en ese país han disminuido, en parte porque no hay buenos trabajos. Sin embargo, la vida en Nicaragua frente al poco empleo y buen ingreso persiste y va a empujar a la gente de vuelta a emigrar a los mismos países, incluido Estados Unidos; es cuestión de un año: la intención de migrar continúa fuerte.

Esta no es una situación fácil en medio de un país en donde se encuentra en la antesala de otra farsa electoral y Rosario Murillo está afilando la vigilancia y control social sobre toda la población.
El problema latente no es el espectro de la reunificación familiar sino el cambio drástico social, político y económico que Nicaragua va a enfrentar en 2027 y 2028 en las rutinas de la población. La desaceleración de las remesas reducirá la capacidad importadora (hasta de mercancía china) y el consumo en el corto plazo: la correlación entre ingreso de remesas e importación es muy fuerte.
Esta realidad afectará a la población entera, al estilo de vida de quienes compraron ropa americana, y salen a tomarse fotos en restaurantes bonitos, y a quienes tienen deudas o a los que tienen clara la realidad política en la que viven y no están en negación. El cambio no se vislumbra hoy, y la esperanza de que las cosas no pasen a más se sobrepone al realismo del entorno actual. Pero el escenario en el que la tasa de fuerza laboral sea superior al 20% desde el 2025, el poder de compra se contraiga y el sentimiento de necesidad y de mayores oportunidades crezca está a la vuelta de la esquina.
¿Cuáles son las expectativas de Rosario Murillo y Ovidio Reyes? El economista del Banco Central se rehúsa a revelar los datos de remesas y te remite a la oficina de la copresidenta; sin embargo, el problema macroeconómico para un país que no avanza no es un asunto de sacar reservas internacionales, sino de redistribución del ingreso: las remesas han sido la única herramienta distributiva en el país, y su disminución desacelera la economía. Rosario Murillo, el presidente del BCN Ovidio Reyes, o Lisbeth Laguna, no cuentan con un plan. ¿Cuál es la alternativa para las familias transnacionales? ¿Qué piensan los opositores proponer a las autoridades para prevenir una debacle?
Estos temas están ya configurándose y ojalá no se queden engavetados como otros asuntos, y más bien formen parte de la lista de asuntos prioritarios que deben abordarse ahora.

Opinión publicada originalmente en Confidencial
