Cada 7 de julio la Iglesia católica recuerda a la Beata María Romero Meneses, una salesiana nacida en Nicaragua cuya obra social transformó la vida de miles de personas en Costa Rica y cuya canonización continúa en proceso.
La Iglesia católica conmemora este 7 de julio a la Beata María Romero Meneses, religiosa salesiana nacida en Granada, Nicaragua, que consagró gran parte de su vida al servicio de los más pobres en Costa Rica, donde desarrolló una extensa labor social y evangelizadora que aún hoy sigue siendo referente de solidaridad y compromiso cristiano.
María Romero nació el 13 de enero de 1902 en una familia de tradición política y profunda fe católica. Su vocación religiosa surgió tras la llegada de las Hijas de María Auxiliadora a Nicaragua en 1910, congregación inspirada en el carisma de San Juan Bosco.
En 1921 ingresó al noviciado salesiano en El Salvador y, tras emitir sus votos perpetuos en 1929, fue enviada a Costa Rica en 1931, país donde permanecería hasta su fallecimiento.

Una vida dedicada a los más necesitados
Durante más de cuatro décadas, Sor María impulsó proyectos dirigidos a personas en condición de pobreza, especialmente mujeres, niños y familias vulnerables.
Además de colaborar en consultorios médicos y centros educativos, promovió programas de capacitación para mujeres en labores domésticas, costura y cocina, con el objetivo de facilitarles oportunidades laborales y mejorar las condiciones de vida de sus familias.
También organizó redes de apoyo para distribuir alimentos, ropa y ayuda material a personas en situación de necesidad, apoyándose en grupos de voluntarios y benefactores que respaldaron su labor.
Entre sus principales obras destaca la creación de la Casa de la Virgen, en San José, uno de los proyectos sociales más representativos impulsados por la religiosa.

Un puente entre Nicaragua y Costa Rica
La labor de la beata tuvo un impacto especial entre la comunidad nicaragüense residente en Costa Rica, integrada por miles de personas migrantes que enfrentaban condiciones de vulnerabilidad.
Su trabajo contribuyó a fortalecer los lazos de solidaridad entre ambos países y convirtió su figura en un símbolo de fraternidad y servicio más allá de las fronteras.
Su misión siempre estuvo inspirada en el Evangelio y en la convicción de que el anuncio de la fe debía ir acompañado de acciones concretas en favor de quienes sufrían pobreza, exclusión o abandono.

Beatificación y camino a los altares
Sor María Romero falleció el 7 de julio de 1977, a los 75 años, víctima de un infarto.
En 2002, el papa San Juan Pablo II la proclamó beata tras el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión: la curación de la niña costarricense María Solís, quien, según el testimonio de su familia, nació completamente sana pese a un diagnóstico prenatal que anunciaba múltiples malformaciones.
Actualmente, su proceso de canonización continúa en estudio en la Iglesia católica.
Cada 7 de julio, miles de fieles en Nicaragua y Costa Rica recuerdan a la Beata María Romero como una mujer que hizo de la fe, la solidaridad y el servicio a los más necesitados el centro de su vida, dejando un legado que continúa inspirando obras sociales y pastorales en ambos países.
