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Para Sandino la soberanía es del pueblo

Pedro González

Independientemente de lo que pensamos de él, una cosa es cierta: el régimen orteguista no puede justificar sus desmanes en el pensamiento y la acción de Sandino. 

Para Sandino el soberano debe ser el pueblo y este se expresa en elecciones libres. En su Manifiesto al pueblo de Nicaragua sobre las elecciones dijo: “El pueblo es soberano y debe respetársele su derecho a elegir sus gobernantes y por esto luchará el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional sin descanso para hacer efectivo ese derecho…”. Él creía que el pueblo ejerce su soberanía en elecciones libres, y también creía que un país ocupado no era soberano porque el pueblo no era el soberano, sino el ocupante. 

En una nota curiosa sobre este tema, el 24 de mayo de 1927 Sandino propuso que un gobernador militar de Estados Unidos asumiera el control del país mientras se organizaban elecciones supervigiladas por Estados Unidos. El sandinismo siempre ha tenido problemas en explicar esta posición de Sandino.  En un recuento de su lucha para Gabriela Mistral dio una explicación.  La intención de la nota se puede explicar de muchas maneras, cada una con el sesgo del intérprete y, obviamente no objetiva, pero lo que queda claro es que Sandino invita a Estados Unidos a organizar unas elecciones libres para resolver el problema.  Después de las elecciones, las tropas extranjeras deben abandonar el país.

No hay que obviar el hecho de que aceptó a Juan Bautista Sacasa como presidente legítimo aunque había sido elegido en las elecciones supervigiladas por Estados Unidos de 1932.

Además, Sandino no era un nacionalista recalcitrante, entendía su lucha en un contexto internacional.  A Ramón de Belausteguigoitia le dijo: “…no profesamos un nacionalismo excesivo.  No queremos encerrarnos aquí solos. ¡Que vengan extranjeros, incluso americanos, desde luego.  Tampoco pensamos que en el nacionalismo político está toda la solución.  Por encima de la nación, la federación; continental, primero; luego más amplia, hasta llegar a la total”.  En su ejército, por ejemplo, había internacionalistas, o sea, extranjeros involucrados en los asuntos de Nicaragua. 

Sandino no se oponía a que los extranjeros observaran o, como decía él , supervigilaran las elecciones.  En 1927 propuso que Estados Unidos supervigilara las elecciones; en enero de 1928 le dice a Froylán Turcios en una carta que se pueden hacer “las elecciones sean supervigiladas por representantes de las Repúblicas hispanoamericanas”.  Eso pide, que las elecciones sean observadas por representantes de los países latinoamericanos.

Otro tema sobre el que Sandino difiere con el orteguismo es el de con quién negociar, si con Estados Unidos o entre nicaragüenses.  El 1 de enero de 1929 le hizo una propuesta a Moncada para entenderse con él, un arreglo entre nicaragüenses, justamente para evitar la intervención extranjera y para probar “que los nicaragüenses somos capaces de arreglar por nosotros mismos nuestros asuntos internos como nación libre y soberana”.  Ahí está la clave para que no haya injerencia extranjera en los asuntos internos de Nicaragua: que los nicaragüenses seamos maduros y resolvamos nuestras diferencias o conflictos entre nosotros mismos.

También Sandino estaba en contra del caudillismo.  En el Manifiesto sobre

las elecciones dijo que “(e)l Ejército Defensor de la Soberanía Na-

cional… no apoya ni defiende caudillos”.   “La orientación

política de mi patria debe alejarse de todo caudillismo…”

Todo esto es sólo para probar que el orteguismo no puede basar su autoritarismo en el pensamiento y la acción de Sandino.  Uno puede no estar de acuerdo con Sandino pero lo que aquí presento son los hechos, lo que dijo e hizo Sandino.  Al final murió cuando reconoció como legítimas las elecciones que hicieron a Juan Bautista Sacasa presidente, elecciones, repito, que se hicieron bajo la supervigilancia de Estados Unidos.  Estaba buscando un arreglo entre nicaragüenses cuando lo asesinaron.

No se puede decir que no era consecuente con sus palabras.