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Greta Thunberg, retrato de las aspiraciones

Swedish environmental activist Greta Thunberg takes part in a demonstration in Bordeaux, southwestern France, on February 11, 2024, against plans to drill eight new oil wells in La Teste-de-Buch forest. (Photo by Thibaud MORITZ / AFP)

Manuel de la Iglesia – Caruncho | 09 enero 2025

Greta Thunberg, todavía adolescente, decidió que todos los viernes sustituiría su asistencia a la escuela por una sentada frente al parlamento sueco. Allí portaría una pancarta con la que quería llamar la atención de los diputados sobre el cambio climático: “Huelga escolar por el clima”, decía. En sueco: Skolstrejk for klimatet. El mensaje simbólico era: si no vamos a tener futuro debido a la crisis climática, ¿de qué nos vale ir a la escuela?

Ese sencillo gesto de una persona de 15 años encendió una mecha que dio lugar al movimiento “Viernes por el futuro” –Fridays for Future– y a protestas estudiantiles por todo el mundo. A lo largo de 2019 se registraron, siempre en viernes, manifestaciones con la participación de cientos de miles de jóvenes, tal vez millones, en distintos países. Greta se hizo famosa y fue invitada a la Cumbre del Clima de la ONU en aquel mismo año. Asistió a Nueva York cruzando el mar en un velero para lanzar su mensaje a los cuatro vientos, un mensaje que incluía la conveniencia de evitar en lo posible los vuelos de avión, pues también lanzan emisiones de CO2 a la atmósfera.

Greta pronunció en la ONU un discurso demoledor en el que echó en cara a los líderes mundiales la inacción ante el calentamiento global. ¿Cómo se atreven, venía a decir, a hablarnos de esperanza a los jóvenes, cuando ustedes no cumplen con sus responsabilidades y se ocupan tan sólo del dinero y del crecimiento económico? ¿Cómo se atreven, insistía, en pretender que están haciendo lo suficiente, cuando es evidente que no es verdad, cuando estamos al comienzo de extinciones masivas y cuando tantos ecosistemas están colapsando? Y acusaba: “Ustedes nos están fallando”.

Greta y su movimiento consiguieron un fuerte apoyo por parte de la comunidad científica: 23 mil de distintos países fundaron “Científicos por el futuro” –Scientists for Future– en apoyo a “Viernes por el futuro”, y la revista Science publicó un documento firmado por tres mil científicos en el que consideraban que las preocupaciones de “Viernes por el futuro” estaban justificadas y se basaban en la ciencia disponible.

Ese movimiento esperanzador e inspirador pronto pasó a ser atacado por los intereses de siempre. No tardaron en llegar descalificaciones e insultos personales a Greta, como el de llamarla “retardada mental”, y menciones mezquinas hacia sus padres. Y por supuesto, se cuestionaron todos sus postulados. Lean esto: el Secretario General de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) calificó a Greta y su movimiento como el “mayor enemigo” de los países miembros.

A la campaña contra Greta y lo que representaba se sumaron enseguida los principales partidos de ultraderecha europea. Cuando fue invitada a dirigirse al Parlamento francés en 2019, trataron de boicotear el acto y criticaron a los parlamentarios por querer «recibir lecciones de esta niña del diluvio que predice el fin del mundo a los 16 años». Greta les respondió respetuosamente que entendía que no la quisiesen escuchar a ella pero que, al menos, escuchasen al mundo científico.

El partido de extrema derecha alemán Alternative für Deutschland (AfD), al igual que el United Kingdom Independence Party (UKIP) -sí, el de Niger Farage, uno de los artífices del Brexit-, lanzó una campaña de desprestigio en redes contra Greta que incluyó insultos, bulos y fotomontajes similares a los esparcidos por institutos negacionistas como el Europäisches Institut für Klima und Energie (EIKE) -Instituto Europeo para el Clima y la Energía-, el bastión negacionista alemán, o el Committee for a Constructive Tomorrow(CFACT-Europe) -Comité por un Mañana Creativo-, el cual mantiene estrechos lazos con la organización norteamericana (CFACT-US), la que afirma que el libre mercado resolverá los problemas medioambientales.

Y no olvidemos al Instituto Heartland, otro importante bastión negacionista en EEUU cuya misión, según recoge su web, es “descubrir, desarrollar y promover soluciones de libre mercado a los problemas sociales y económicos”. Este instituto, que también negaba la relación entre el tabaquismo y el cáncer cuando recibía fondos de la Philip Morris, encarga estudios “científicos” para que cuestionen las conclusiones del Grupo de Expertos de Naciones Unidas sobre el cambio climático, y paga la divulgación en escuelas y colegios de la idea de que la cuestión del cambio climático es controvertida. El Heartland organizó en diciembre de 2019 un foro en Madrid sobre “Realismo Climático” en el cual dio protagonismo a Naomi Seibt, una joven alemana de 19 años que denuncia el “alarmismo climático”, para restárselo a Greta.

Y llegamos a la parte más interesante: ¿quiénes financian al CFACT-US y al Heartland Institute? Aunque no siempre es fácil seguir la pista a los fondos privados y hay que ser prudentes en la respuesta, el Instituto de Diálogo Estratégico (ISD) británico y Uniarthert, un grupo de periodistas dedicados a investigar sobre energía y cambio climático financiados por la organización Greenpeace, lo han intentado -de sus investigaciones se ha hecho eco el periodista Giorgios Mitralías, quien me ha inspirado parte de este artículo-. Y, ¿qué han encontrado? Pues, ¡sorpresa!, que detrás de estas instituciones negacionistas estaban nada menos que la Exxon Mobil, la mayor empresa petrolera de EEUU; la familia Koch, milmillonaria y ligada al sector petrolero; y la familia Mercer, cuya fundación invirtió 70 millones de dólaresentre 2009 y 2014 en apoyo a grupos que rechazan el consenso científico sobre el cambio climático y, ¡qué casualidad!, también en las campañas de Trump, entre otras causas conservadoras.

Así que, ¡cuadra todo! Los poderosos látigos que han fustigado a Greta y al movimiento de jóvenes que han presionado a los líderes políticos para que se tomen en serio la crisis climática provienen de familias petroleras, sus organizaciones y sus empleados, e incluyen a los partidos de extrema derecha. Para colmo, la COVID y el confinamiento que tuvimos que sufrir tuvieron un efecto desmovilizador indudable. Es como si la suerte favoreciese en aquel momento a los negacionistas.

¿Qué ha sido desde entonces de Greta? Pues ha proseguido con su activismo. Hace pocos meses fue detenida en Bruselas, junto con otros 100 manifestantes, por participar en una sentada de protesta en la que pedían el fin de las subvenciones a los combustibles fósiles en la Unión Europea. Y ha sufrido otras detenciones, como la de octubre de 2023, cuando la policía de Londres la arrestó por manifestarse contra la industria petrolera cuando se celebraba un encuentro del Energy Intelligence Forum, el cual reúne a directivos de la industria energética con políticos de países productores y consumidores. Los videos que la grabaron la muestran sentada pacíficamente cantando consignas hasta que los agentes se la llevan en volandas al furgón policial.

Después del ataque terrorista de Hamás sobre la población israelí en octubre de 2023 en el que murieron 1.200 personas y otras 251 fueron tomadas como rehenes, un ataque cruel y brutal, la respuesta del Gobierno de Israel, como es sabido, ha provocado docenas de miles de muertes en Gaza en matanzas indiscriminadas sobre la población civil -lo que ha supuesto una orden de detención sobre Netanyahu por parte de la Corte Penal Internacional-. Greta se sumó a las protestas pro-palestinas y abrió así un nuevo frente en su activismo, provocando una reacción en su contra de los lobbies pro-israelíes; una reacción que llevó al grupo parlamentario de la Unión Demócrata Cristiana en Alemania a instar que se le prohibiese la entrada en el país.

¿Qué pensar de esta joven? ¿Es un demonio que está en contra de nuestra civilización, o una heroína? De lo que no hay duda es que Greta se ha atrevido a desafiar a dos de las élites más poderosas del mundo: a la del petróleo y al lobby israelita, que siempre goza del apoyo de los gobiernos de EE UU, tanto de los republicanos como de los demócratas. Tal vez hubiera sido más eficaz, desde un punto de vista político, que se centrara en la lucha ambiental, donde tantos seguidores tenía, y evitase el fuego cruzado que le llega ahora desde los dos frentes mencionados y que también busca silenciarla; a ella y a sus causas. Ahora bien, las aspiraciones que la guían son nobles y son las mismas que se defienden desde la Organización de Naciones Unidas y que ocupan a su secretario general: la necesidad imperiosa de acelerar la reducción de emisiones de CO2 y la de parar las matanzas de Israel en Gaza. Así que, desde posiciones humanistas y comprometidas con el medio ambiente, a Greta sólo se le puede aplaudir.

Los efectos de la crisis climática, como los dejados por la “Dana” en el Levante español, las sequías en la Amazonía o los incendios forestales extremos padecidos tanto en Canadá como en la propia Amazonía, por aludir a tres dramáticos acontecimientos recientes, harán cada vez más difícil seguir a los negacionistas por muchos millones que se gasten las poderosas fundaciones conservadoras ligadas a la industria del petróleo. No es arriesgado augurar que pronto veremos a la juventud mundial movilizada de nuevo, siguiendo la estela de Greta, y que ésta será reconocida como la mujer comprometida y visionaria que ha elegido y demostrado ser.

*El autor, MANUEL DE LA IGLESIA – CARUNCHO, colaborador de MUNDIARIO, es doctor en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, se especializó en Economía Internacional y Desarrollo. Trabajó para la cooperación española en distintos puestos en la Agencia Española de Cooperación Internacional en Madrid y durante casi quince años en Nicaragua, Honduras, Cuba y Uruguay. También pasó un año en Inglaterra como Visiting Fellow, en el Instituto de Estudios de Desarrollo de la Universidad de Sussex. Como ensayista, ha publicado numerosos artículos y obras como El impacto económico y social de la cooperación al desarrollo y The Politics and Policy of Aid in Spain. Como narrador, ha publicado el libro de relatos Atractores Extraños y las novelas Los dioses de la sombra juegan pelota y A pocas leguas del Cabo Trafalgar. 

*Tomado de Mundiario