Allan Espinoza Bermúdez | 08 mayo 2025
Para comprender esa actitud nefasta hay que remitirse a la razón fundamental que los impulsa:
Daniel Ortega y Rosario Murillo están poseídos ambos por respectivos complejos de inferioridad, que tienen connotaciones sociales, de clase, académicas, económicas e intelectuales.
Eso explica todas las agresiones que ellos, a través de sus secuaces y sus directrices enfermizas, han venido realizando durante su retención del poder ilícito que ejercen. Ellos no pueden concebir ni soportar la existencia de una sociedad organizada, productiva y exitosa, porque les hace sentirse menos, inferiores y en desventaja. El refugio que tienen para todas sus invectivas contra la sociedad es la retención y el ejercicio irracionales ilícito del poder a toda costa. Su enfermiza condición les pide destruir a la clase media para convertir a todos los nicaragüenses en clase pobre y así ellos tener el dominio total de la sociedad haciéndose indispensables demagógicamente para el pueblo empobrecido.
Ellos saben que sin el poder son nada, no representan nada. No pueden admitir competidores que tengan cierto nivel de acción exitosa en el seno de la sociedad. Necesitan controlarlo todo. Necesitan tener la convicción y la seguridad de que solo ellos pueden pensar, decidir, actuar. Es una especie de megalomanía vengativa.
La adhesión al marxismo-leninismo les ha servido como el más apropiado medio para desarrollar su propósito. El centralismo del poder, la economía centralizada y el partido único, aunado con el control de las instituciones armadas, son los grandes instrumentos a través de los cuales ponen en práctica sus propósitos, sus afanes, sus ideales, su propia realización, engalanada con la promoción de la corrupción entre sus seguidores a todos los niveles del aparato estatal y partidario.
Eso explica situaciones como la centralización informativa de todo el aparato estatal en manos de la Rosario Murillo. Eso mismo explica la actitud y el resentimiento enfermizo de la misma Rosario contra las familias Chamorro Cardenal y Chamorro Barrios porque supuestamente no le dieron el tratamiento igualitario que ella esperó mientras fue secretaria de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
También explica su resentimiento contra los intelectuales, personificados en Ernesto Cardenal, quien desestimó la calidad literaria de los poemas que ella produce y la indiferencia de la intelectualidad nicaragüense para con sus arrestos literarios.
Ese mismo complejo de ambos, aunado al ejercicio del poder, explica la cancelación, cierre y despojo de las tantas ONG’s, de los medios informativos, del COSEP, de sus cámaras, de las universidades privadas, de las emisoras provinciales de la Iglesia Católica y otras privadas, de Cáritas de Nicaragua, de COPROSA, de la Universidad Juan Pablo II, etc.
Los Ortega-Murillo han podido cebarse en todas las instancias de la sociedad civil desbaratándolas, anulándolas y despojándolas, porque, al fin y al cabo, son instancias locales y nacionales con una fuerza relativa y sin capacidad de contrarrestar el ejercicio del poder fundado, no solo en el control de todo el aparato estatal, sino sobre todo en el control de las fuerzas armadas, el ejército y la policía, y de sus engendros, los paramilitares y los grupos de choque, más las turbas partidarias.
Pero, contra quien no han podido, ni podrán, es contra la Iglesia Católica, pues ésta no es simplemente una instancia local y nacional. La Iglesia Católica, desde un punto de vista organizativo y estructural, es una institución internacional con fuerza real, no física, ni armada, sino moral y espiritual.
Esa es la gran tragedia de los Ortega-Murillo con la Iglesia Católica. Ellos pueden encarcelar a un Obispo (Monseñor Álvarez); pueden encarcelar sacerdotes, expatriarlos y desnacionalizarlos; pueden cerrar las emisoras de la Iglesia y una Universidad de ésta; pueden prohibir las procesiones; pueden hacer que las balas atraviesen sotanas, como dijo un insensato orteguista hace rato; pueden cerrar las organizaciones de ayuda social de !a Iglesia; pueden expulsar monjitas y robarse sus conventos; pueden insultar al Papa y a los Obispos. Pero, lo que nunca podrán es neutralizar a la Iglesia Católica con lisonjas y dádivas, como han estado haciendo con algunas iglesias evangélicas, que han entregado y traicionado la primogenitura de su fe a cambio de unos cuantos dólares y dádivas materiales. Tampoco podrán someterla con amenazas, agresiones, calumnias, insultos, etc. Pues, cada vez que agreden a la Iglesia Católica, esta se fortalece, se crece y se robustece.
La Iglesia Católica es una muralla infranqueable e imbatible de valores y principios de total contenido espiritual, moral y ético, que la constituyen en la fuente y la reserva espiritual y moral de la humanidad.
«Mi reino no es de este mundo» dijo Jesús a Pilato. I allí está la clave de lo que la Iglesia Católica es y representa.
Lo que no han entendido este par de dictadores de quinta categoría es que la Iglesia la constituyen no solo el Papa y los obispos y sacerdotes, sino también la feligresía, los cristianos en general, sobre todo, a la Iglesia la constituye el Espíritu Santo de Dios, que la protege, la defiende, la fortalece, la anima, la rejuvenece y !a purifica, de acuerdo a lo que dijo Jesús: «Yo estaré con Uds hasta el final de los tiempos» y «Os enviaré mi Paráclito, mi Consolador».
Ni los grandes imperios, ni las más elaboradas ideologías han podido contra la Iglesia Católica, menos este par de dictadorzuelos, ciegos, guías de ciegos, que caerán todos en el despeñadero.
Allan Espinoza Bermúdez | Psicólogo Católico
