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El llamado del padre Benito Martínez una oportunidad genuina

Yaritzha Mairena | 19 mayo 2025

A propósito de la reunión convocada para este 30 de mayo por el padre Benito Martínez: representa, quizás, una de las pocas ventanas que la oposición nicaragüense tiene en este momento para intentar una articulación mínima y estratégica frente a una dictadura que, aunque aislada internacionalmente, permanece estructuralmente cohesionada. Considero que es sumamente necesario que las plataformas se sienten, sin excusas ni condiciones excluyentes, a explorar si aún es posible construir una estrategia común que confronte al régimen de manera efectiva. Un régimen que reforma la constitución a su antojo criminaliza el pensamiento crítico, desnacionaliza, confisca y aísla internacionalmente al país.

En este contexto, celebro también que no se hayan incluido asesores externos o actores extranjeros en la convocatoria. Esta exclusión, lejos de ser un retroceso, puede representar una oportunidad genuina para que los nicaragüenses recuperen la dirección de sus propios procesos políticos, sin la interferencia de agendas geopolíticas o institucionales que, muchas veces, desdibujan las prioridades urgentes del país. Otros llamados previos de actores extranjeros han intentado promover espacios similares de acercamiento entre plataformas opositoras, pero con metodologías, criterios de participación y enfoques elaborados fuera del contexto real. Estos procesos frecuentemente operan con actores previamente seleccionados, bajo intereses y prioridades ajenas, ofreciendo como incentivo promesas de financiamiento para “activismo” o “incidencia”.

Esta práctica ha provocado que algunos liderazgos opositores, acostumbrados a una dinámica de sobrevivencia política sostenida por fondos, muestren poco interés en procesos autogestionados y desprovistos de recursos materiales. Para ellos, resulta menos atractivo involucrarse en un espacio donde lo único que se requiere es voluntad política, compromiso con el país, y el corazón puesto en quienes más sufren: los nicaragüenses que aún viven bajo represión dentro del territorio, y sus familias en el exilio que añoran el retorno. Esta es quizás la prueba más dura de coherencia ética y vocación de servicio que enfrenta hoy la dirigencia opositora.

Insisto en que, en nombre de la inclusión, no se puede seguir fomentando la fragmentación. La diversidad de actores es legítima, pero no debe traducirse en dispersión táctica ni en bloqueos constantes a los procesos colectivos. Es fundamental que los grupos dispersos encuentren la manera de integrarse a una dinámica unificadora, que canalice de forma coherente y acumulativa las acciones contra la dictadura. La dispersión resta fuerza; la articulación estratégica la multiplica.

Confío en que la figura del padre Benito, quien ha demostrado voluntad, compromiso y un amor auténtico por el pueblo nicaragüense, puede contribuir a generar un ambiente de confianza. Su llamado a la unidad no busca borrar diferencias políticas o ideológicas, sino establecer un marco donde estas puedan coexistir sin bloquear las prioridades urgentes. Esa prioridad, en este momento histórico, no es otra que la definición de una estrategia certera para desmantelar el régimen y construir un proyecto de república democrática sólida.

La unidad no será perfecta, ni total, pero puede ser suficiente si se parte de la honestidad, el sentido de urgencia y la voluntad de construir con el otro. Y eso solo se logrará si dejamos de competir por visibilidad, fondos o superioridad moral, y empezamos a trazar, juntos, el camino hacia una Nicaragua verdaderamente libre.