En medio de crecientes rumores sobre el deterioro del estado de salud del dictador Daniel Ortega, el periodista nicaragüense Sergio Marín Cornavaca reflexionó públicamente sobre las posibles consecuencias políticas y sociales de su eventual fallecimiento.
En un análisis amplio, Marín advirtió que la desaparición física del dictador podría generar un escenario de alta represión, secretismo estatal y profundización de la crisis en Nicaragua.
“Hay una coincidencia plena de que para empezar habría una brutal represión ordenada por Rosario Murillo a estos tres actores que en su conjunto conforman la banda de los cuatro”, afirmó Marín durante una transmisión reciente de La Mesa Redonda.
El periodista se refiere a que, el poder se concentraría en la “banda de los cuatro”, integrada por la co-dictadora Rosario Murillo, el presidente del Banco Central, Ovidio Reyes; el titular de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras; y Fidel Moreno, secretario político de la Alcaldía de Managua.
Según Marín Cornavaca, esta estructura operaría bajo una lógica de miedo y control total para sofocar cualquier intento de rebelión popular o fractura interna.
“Habría una gran represión porque ella no se ella (Murillo) no se sentiría segura”, advirtió. “Yo no dudo que se desate una represión en todos los niveles porque hay mucho temor. No han podido a lo largo de los últimos siete años controlar la rebelión iniciada en abril del 2018”, añadió.
Para el periodista la represión alcanzaría a los mandos medios de la Policía y del Ejército, porque Murillo, Reyes, Porras y Moreno “deberían de tener ojos hasta en la espalda”.
El periodista también anticipó un “secretismo brutal” respecto a los detalles de la muerte del dictador, siguiendo el patrón de opacidad que se ha visto en otros regímenes autoritarios como los de Fidel Castro de Cuba o Hugo Chávez de Venezuela.
“Vendría acompañado obviamente de tres días de duelo nacional porque el ‘prohombre de la patria’ ha muerto y entonces ‘le vamos a rendir culto porque ha sido un hombre esmerado’, porque ‘ha sido un luchador por los pobres’, con homenajes aquí, allá y acullá”, expresó con sarcasmo.
Marín hizo énfasis en el legado de dolor y de crímenes que Ortega dejaría tras su prolongado control del poder: casi 400 jóvenes asesinados desde 2018, más de un millón de nicaragüenses en el exilio y una población empobrecida, con más del 80% sufriendo inseguridad alimentaria.
“Ese sería el legado de este criminal si llegara a morir”, aseguró.
Sobre el papel de la comunidad internacional y las élites económicas locales, Marín planteó interrogantes clave: ¿Los banqueros verán en la muerte de Ortega una oportunidad para reorganizar el país a su conveniencia? ¿Está la oposición lista para asumir un rol de conducción estatal legítimo? ¿Cómo responderán los nicaragüenses a un culto forzado a la figura del “prohombre” fallecido?
Finalmente, Marín llamó a una reflexión colectiva sobre el futuro del país: “El legado de Daniel Ortega ya es un legado de miseria, de contradicciones, de sufrimiento de la familia nicaragüense. Ese legado va a ser lo peor de lo peor”.
“Exijamos lo que tenemos que exigir. Busquemos la lucha para tumbar a la dictadura y construir la Nicaragua que anhelamos”, concluyó.
