El analista político nicaragüense Enrique Sáenz advirtió que el asesinato de Roberto Samcam representa una escalada clara en la represión del régimen Ortega-Murillo, y marca un antes y un después tanto para la oposición exiliada como para los espacios de disidencia vinculados al ámbito militar.
En declaraciones ofrecidas a La Mesa Redonda, Sáenz calificó el hecho como un “asesinato selectivo y abierto”, con un mensaje directo hacia todos los opositores, particularmente aquellos exiliados en Costa Rica.
“Coloca el escenario de Nicaragua en otra perspectiva. Porque en el caso de Roberto se trata clara y abiertamente de uno de los principales voceros de la oposición al régimen con una gran llegada, no solo en los medios de comunicación, sino que en otros espacios; y que el régimen evidentemente aquí pretende por un lado mostrar que exactamente decidió escalar la represión”, afirmó.
Para el analista, el asesinato de Samcam tiene dos destinatarios: la oposición en el exilio y los sectores militares que han roto con la dictadura.
Sáenz consideró que la decisión de ejecutar a Samcam en este momento no es fortuita, sino que responde a una estrategia calculada para aprovechar el contexto internacional.
“Resolvieron apretar el gatillo aprovechando la borrasca internacional, con crisis en Irán, Rusia y otros frentes, pensando que este crimen puede pasar por debajo de la mesa o rápidamente apagarse frente a los grandes incendios internacionales”, sostuvo.
Un punto de quiebre para la oposición
Sáenz subrayó que este crimen también pone a prueba la unidad de la oposición, tanto dentro como fuera del país, y sirve como un llamado urgente a dejar atrás diferencias estériles.
“Es un parteaguas para la oposición. Y frente a los falsos opositores que disfrazados de opositores no quieren democracia en el país”, advirtió.
“Cualquier expresión que denigre este hecho significa que no se sienten amenazados. Y si no se sienten amenazados, por alguna razón será”, añadió.
Sáenz espera que el asesinato de Samcam genere un efecto movilizador y una mayor cohesión dentro de la lucha por la democracia en Nicaragua.
“Yo espero que este elemento emotivo sea movilizador de voluntades, de apartar mezquindades, de apartar feudos porque ahora no hay nada más potente para juntarse que el peligro compartido”, concluyó Sáenz.
