Dr. Danilo Martínez | 11 de julio 2025
Nicaragua enfrenta un dilema crucial:
En un escenario donde la dictadura de Ortega-Murillo se niega al diálogo y donde Estados Unidos (y otros actores internacionales) negocian acuerdos ocultos que debilitan la lucha democrática, ¿Qué vía es más viable: la revolución (ruptura total o insurreccional) o la transición pactada (negociación con sectores del régimen)?
La disyuntiva entre revolución (ruptura total con el régimen anterior) y transición (reforma pactada con sectores del poder saliente) es clave en los procesos de democratización
Aplicando las lecciones de Portugal (revolución) y España (transición), pero considerando las particularidades de Nicaragua, este análisis busca responder cuál estrategia tiene más posibilidades de lograr una democracia real y duradera.
Comenzaré por citar las definiciones de la Real Academia Española sobre estas dos palabras: Así la Transición la define como f. Acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto. Y uno de sus sinónimos es la metamorfosis, que nos sugiere cambios graduales para pasar de un estado a otro. Y la Revolución. Otra definición que arroja es que se trata de un Cambio profundo, generalmente un salto cualitativo y rápido, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad nacional.
La Revolución en síntesis es un cambio rápido y profundo en cualquier cosa.
Habiendo definido los términos Transición y Revolución, hagamos un análisis somero de lo que sucedió en España y Portugal.
A la luz de las experiencias de Portugal (1974) y España (1975), surge la pregunta: ¿cuál de los dos modelos garantiza un cambio real y duradero hacia la democracia? La respuesta no es absoluta, pero un análisis comparativo permite extraer lecciones fundamentales.
La Revolución de Portugal fue un Cambio Rápido, pero con Riesgos de anarquía y radicalización de sectores.
La Revolución de los Claveles en Portugal demostró que una ruptura radical puede:
1. Destruir rápidamente las estructuras dictatoriales (ej.: fin del Estado Novo en horas).
2. Implementar reformas profundas (descolonización, nueva Constitución etc).
3. E incluir a amplios sectores excluidos como los movimientos sociales.
Portugal contó con una fuerte división interna de sus fuerzas armadas, que permitió una revolución más pacifica que violenta, en cambio en Nicaragua aun las fuerzas armadas no dan señales de fractura. Hasta el momento lo que hemos visto es un gran sector de ex militares y ex revolucionarios perseguidos, exiliados, encarcelados y hasta asesinados (recientemente el mayor coronel Roberto Samcam) por estar opuestos a la dictadura política militar de los Ortega Murillo. Pero no se atisba una inconformidad entre las fuerzas armadas.
El contexto nicaragüense es una Dictadura sin fisuras aparentes, una oposición totalmente reprimida y juegos geopolíticos para hacerse el importante en el tablero internacional.
En tanto en España el franquismo tenía en sus filas sectores reformistas que presionaban a Francisco Franco por una democratización. Quien aseguró la figura del Rey y a su muerte se activó un proceso de reformas que ha llevado años, han construido una democracia estable pero que ha conservado mucho resabio del poder Anterior. Al respecto el sociólogo Víctor Pérez-Díaz: señala «La revolución portuguesa fue un terremoto; la transición española, una cirugía cuidadosa. Ambos curaron al paciente, pero con métodos distintos» (Pérez-Díaz, España: La experiencia de la democracia, 1993). De todo esto se deriva que la Transición se diferencia de la Revolución, no solo en cuanto a la velocidad de los cambios sino también de la profundidad de los mismos. La Revolución extirpa el cáncer, la Transición le aplica quimioterapia. El problema mayor de la Transición es ético, el problema es que sacrifican la justicia de las víctimas negociando impunidad con los responsables para abrir un proceso hacia la democracia, aunque en el discurso digan lo contrario.
El Orteguismo no muestra divisiones internas significativas, mantiene un control absoluto de los poderes del Estado, el Ejército y la Policía, mantiene una represión sistemática contra todos los sectores, laicos y religiosos, rechazo total al dialogo, lo rechazo en el 2018 y prefirió ensangrentar las calles de Nicaragua, lo rechazó en el 2021 y prefirió robarse enteramente el poder, dejando unos payasos de oposición en el parlamento. Lo rechazó en el 2023 y lo rechaza hasta el día de hoy, porque no ve ninguna amenaza real a su poder omnímodo. Entonces a diferencia de España, es un régimen que no cede absolutamente y que además se encargó de excluir a sus posibles dialogantes pactistas.
Estados Unidos por su parte, su actual administración, negocia con el régimen, como lo demuestra el aterrizaje aun de aviones militares norteamericanos llevando migrantes expulsados a Nicaragua, a cambio de qué? No lo sabemos con certeza, pero leemos claramente que están tratando de blanquear la dictadura, no la mencionan junto con otras dictaduras del continente, y bajan el grado del lenguaje crítico hacia el régimen de Ortega. La última decisión de regresar a Nicaragua a quienes se les venció el TPS, fue precisamente sustentada en el argumento norteamericano que la situación de Nicaragua esta normal y por tanto los nicaragüenses en el extranjero no merecen la extensión de ninguna protección.
Es claro que tanto Estados Unidos ( por lo menos en los próximos 40 meses), la Unión Europea y la comunidad internacional en su mayoría apoyan negociar con el dictador, hacer elecciones con el Tirano, o sea que priorizan la estabilidad de sus negocios y empresas sobre la Democracia, ( como el caso de Chevron en Venezuela). Por esto observamos una presión internacional débil, tanto la OEA como la Unión Europea, toman decisiones y sanciones pero no se traducen en acciones concretas.
Quedemos claro de algo, no habrá Transición sin pactos en Nicaragua. Sencillamente porque la transición exige acuerdos entre el viejo y el nuevo poder que quiere instalarse, pactos sobre qué se puede cambiar y con qué velocidad. Ya lo intentamos con Doña Violeta, y miramos la maniobrabilidad de los Ortega Murillo, para desestabilizar para obligar a hacer acuerdos, hasta que consiguieron frenar los cambios que necesitaba Nicaragua. Igual hicieron con Bolaños a quien no dejaron gobernar.
Pero no nos alarmemos, la ventaja es que la dictadura de Ortega no tiene sectores con quien negociar, el mismo se ha encargado de destruirlos y expulsarlos. Ortega no tiene presión internacional suficiente que lo haga ceder. Y ni siquiera opta por un continuismo disfrazado, (ceder a un aliado el poder pero mantener el control sobre ese poder). Y además Ortega ha gozado del lavado internacional de sus elecciones, (aproximadamente 10 u 11 elecciones fueron aceptadas como legítimas por la OEA), hasta esta última del 2021 que por fin fue declarada ilegitima por el consejo permanente de la OEA. Y lo otro es que hasta el momento Ortega no ha encontrado quien le garantice impunidad a sus crímenes de lesa humanidad. Y no se tirará al vacío. Solo una Revolución Popular lo saca del poder.
Por lo anterior me atrevo a decir que no habrá transición política en Nicaragua, a menos que Estados Unidos presione fuertemente tanto a Ortega como a la oposición que se preste para semejante traición. Pero no significará la solución a la profunda crisis política que sufre nuestra nación.
El peligro de una Transición es la impunidad de los crímenes de la dictadura, la asfixia de los anhelos de libertad del pueblo nicaragüense, además del peligro que el Orteguismo haga un by pass y regresen tempranamente y nuevamente al poder.
En este contexto, creo firmemente que el camino correcto es la Revolución Democrática. La Revolución Nicaragüense. La Revolución democrática sin más apellidos. Un salto rápido en nuestra historia que nos permita también con rapidez hacer un cambio profundo del Estado Nicaragüense. Solo una verdadera Revolución eliminaría el núcleo duro del régimen, desmontaría el aparato de muerte de la Dictadura, nos permitiría el cambio profundo del Estado y generaríamos un cambio rápido sin años de negociaciones que alarguen el peligro de que se reinstale nuevamente la dictadura Orteguista en el poder.
Y quién dice que los sectores democráticos no pueden hacer una revolución? Quién afirma que solo los sectores de izquierda pueden hacerla? O más bien dicho y quien niega la posibilidad que unidos todos los sectores antidictadura y pro democracia, podamos hacer esa revolución democrática que tanto urge Nicaragua? Para coincidencia hoy 11 de julio se conmemora la Revolución Liberal en Nicaragua, que no fue hecha por la izquierda.
En conclusión ¿Cuál es el camino correcto y la alternativa que le queda al pueblo de Nicaragua?
El camino correcto es la Revolución Nicaragüense, una revolución que debemos hacerla todos sin distingos ideológicos. Sabemos que la palabra revolución esta desacreditada y satanizada por haber sido utilizada demagógicamente por el sandinismo. Pero no vamos a hacer concesiones lingüísticas ni conceptuales al enemigo del pueblo nicaragüense. Si queremos un cambio profundo y real del Estado Nicaragüense, debemos hacer esa revolución que quedó pendiente en nuestra historia. Una revolución no para quitar derechos ni garantías sino para restaurarlos, no para retroceder sino para avanzar hacia la Libertad plena, para regresarle al pueblo su soberanía, la soberanía que ha usurpado ilegítimamente ORTEGA Y MURILLO.
La Revolución Democrática, cierra el camino a pactos y componendas. Convertirá en realidad una democracia por la que han dado sus vidas miles de nicaragüenses en ambos bandos. Y le pondrá fin a una dictadura que se transformó en cuarenta veces más criminal y perversa que la dictadura somocista contra quien luchó. No hay dictadura buena. Todas son malas y crueles. Tan solo que aquella aparece como caricatura frente a la maldad y perversidad de la dictadura Ortega Murillo.
Que necesitamos para hacerla? Unidad de la mayor parte de la oposición. Presión callejera masiva pero con capacidad defensiva frente a los paramilitares. Encontrar los países de la comunidad internacional que nos den apoyo logístico y diplomático real, sin más retórica.
La revolución democrática, cuya bandera levanta con mano firme el MUD, debe parir una Nicaragua democrática, incluyente, pluralista, con alternabilidad en el poder sin más reelecciones fatídicas, debe consolidar la paz social y crear las condiciones anheladas de estabilidad y seguridad jurídica para una prosperidad ininterrumpida que nos saque del subdesarrollo y coloque a nuestro bello país, en el lugar pionero de Centro América, apoyando a sus demás hermanos países de la región para lograr el histórico sueño de ver una Centroamérica Unida federalmente en un gran Estados Unidos de Centro América.
Nicaragua es un polvorín. La hora se acerca. Los pueblos tienen un límite de tolerancia y cada vez se acerca más.
Hagamos la Revolución democrática y rechacemos cualquier negociación con la dictadura para resolver de una vez por todas, esta desgracia nacional.
Viva la Revolución Democrática
Viva la Revolución Nicaragüense
*Dr. Danilo Martínez | Coordinador General del MUD.
