Cinco años después de la muerte del migrante nicaragüense Eleazar Benjamín Blandón Herrera de 42 años, la justicia española ha concluido que existen “indicios suficientes” para sentar en el banquillo al empresario Pedro Manuel P. T., quien lo empleaba como jornalero sin papeles en una finca de sandías en Murcia y lo dejó morir tras un golpe de calor.
Blandón falleció el 1 de agosto de 2020, luego de una jornada laboral extenuante bajo temperaturas que superaban los 40 grados. Según el expediente judicial, el nicaragüense comenzó a sentirse mal desde media mañana, con dificultades para respirar, palidez y tambaleos. Sin embargo, el empresario no detuvo el trabajo ni pidió asistencia médica. En lugar de eso, permitió que Blandón fuera trasladado a otra parcela para seguir trabajando.
El relato de la jueza Emilia Ros, que instruye el caso en Lorca, detalla que Pedro Manuel lo abandonó a las 15:20 horas en la puerta de un centro de salud, ya inconsciente y en parada cardiorrespiratoria.
El equipo médico intentó reanimarlo, pero Blandón ingresó cadáver al hospital Rafael Méndez. La autopsia confirmó que la causa de muerte fue un golpe de calor.
La resolución judicial, firmada el 23 de julio de 2025, sostiene que el empresario podría enfrentar cargos por homicidio imprudente, delito contra los derechos de los trabajadores y contra el orden socioeconómico. Se le acusa de haber incumplido la normativa de prevención de riesgos laborales: no ofreció sombra, agua fría ni descansos adecuados; además, el jornalero no tenía contrato ni estaba afiliado a la seguridad social.
Blandón había emigrado desde Nicaragua pocos meses antes de su muerte, huyendo de amenazas tras participar en protestas contra el régimen de Daniel Ortega.
Su petición de asilo en España quedó en el limbo por la saturación del sistema durante la pandemia. Sin documentos, se vio obligado a trabajar en la clandestinidad en condiciones precarias.
“Su futuro lleno de ilusiones y esperanzas para sus hijos, su esposa y su madre, se vio truncado por personas que no tienen ningún tipo de aprecio por los más necesitados”, denunció su hermana Karla tras conocer la tragedia.
Otra hermana recordó entre lágrimas: “Me llamó llorando un día: ‘Aquí lo humillan a uno’, me dijo. ‘Te gritan, te llaman burro, te tiran tierra en la cara’. Lloraban como niños cuando regresaban del campo”.
Aunque la decisión judicial aún puede ser apelada ante la Audiencia Provincial de Murcia, para la familia de Eleazar es un primer paso hacia la justicia y una denuncia explícita sobre la explotación que padecen miles de migrantes en el campo español.
