San José, 15 de abril de 2026. La caída libre del tipo de cambio, que ya rompió la barrera psicológica de los ₡460 en el mercado Monex, ha dejado de ser una estadística para convertirse en una crisis de supervivencia. Mientras el Banco Central de Costa Rica (BCCR) mantiene una política de cautela, los sectores que sostienen el empleo en las zonas alejadas del Gran Área Metropolitana denuncian que la competitividad del país se está desmoronando frente a una moneda artificialmente fuerte.
El golpe al corazón de la exportación y el turismo
Para líderes gremiales como Víctor Pérez, presidente de la Cámara de Exportadores (CADEXCO), la situación ha pasado de ser preocupante a ser insostenible. Pérez ha señalado con contundencia que producir en Costa Rica hoy es un «lujo» que muchos agricultores de piña, banano y café ya no pueden costear, pues sus costos operativos suben en colones mientras sus ingresos en dólares se evaporan. Esta visión coincide con la de Shirley Calvo, directora ejecutiva de la Cámara Nacional de Turismo (CANATUR), quien ha advertido que el pequeño hotelero y el transportista turístico están perdiendo márgenes de ganancia que ya comprometen el pago de planillas y deudas bancarias.
¿A quién beneficia este escenario?
Informar con la verdad requiere reconocer que este colón fortalecido tiene dos caras. Por un lado, beneficia al importador y al sector financiero, pero por otro, castiga a la clase trabajadora de las zonas rurales y fronterizas, donde vive y trabaja una parte importante de la comunidad nicaragüense. El economista Gerardo Corrales ha sido enfático en explicar que esta «abundancia de dólares» no responde necesariamente a una mayor riqueza nacional, sino a un ingreso masivo de capitales que el Banco Central no ha querido o no ha podido neutralizar con la agresividad necesaria, dejando al sector productivo a su suerte.
Hacia una política de alivio real
Ante la inacción cambiaria, la solución técnica que proponen expertos y cámaras empresariales no es solo esperar a que el dólar suba. Voces autorizadas sugieren que, si el Gobierno no puede intervenir el mercado de divisas, debe entonces reducir el «costo país» de forma inmediata. Esto implica una revisión a la baja de las tarifas eléctricas industriales y la agilización de la devolución del IVA para los exportadores, una medida que, según los analistas, inyectaría el flujo de caja necesario para evitar una ola de despidos masivos antes de que finalice el primer semestre.
El equilibrio necesario
La estabilidad macroeconómica de Costa Rica no puede construirse sobre la quiebra de sus motores productivos. En un momento donde el país se prepara para un cambio de mando, el manejo del tipo de cambio se perfila como el primer gran examen para el equipo económico de la Presidenta electa Laura Fernández. La verdadera solución no está en celebrar una inflación negativa mientras las fincas cierran, sino en encontrar un punto de equilibrio que proteja el empleo de quienes, con su esfuerzo diario en el campo y la industria, sostienen la paz social de la nación.
