Un comunicado que comenzó a circular en redes sociales y a llegar de forma directa a actores políticos nicaragüenses clave ha encendido las alarmas dentro del oficialismo.
El texto, redactado en un lenguaje propio de la jerga histórica del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), cuestiona de manera indirecta —pero contundente— el liderazgo de Rosario Murillo y de su entorno familiar, y advierte sobre la posibilidad de “actuar” si no se corrige el rumbo del proyecto sandinista.
El documento está firmado por supuestos “combatientes históricos del FSLN, cachorros desmovilizados del Servicio Militar Patriótico y oficiales en honrosa condición de retiro del Ejército Nacional”, y va dirigido a las bases del partido, a las madres de los “héroes y mártires” y al “pueblo nicaragüense”.
Su contenido coincide con el escenario de fractura interna que el sociólogo y analista político Óscar René Vargas ha descrito en reiteradas ocasiones como una “implosión” del régimen desde sus propias entrañas.
Reconocimiento a Ortega y crítica al poder concentrado
En sus primeros párrafos, el comunicado reivindica el retorno del FSLN al poder en 2007 y atribuye ese proceso al “liderazgo del comandante Daniel Ortega”, así como al sacrificio de cuadros históricos y militantes de base.
Sin embargo, el tono cambia de forma drástica al señalar que los logros alcanzados estarían hoy amenazados no por la oposición, sino por “ambiciones desmedidas” de personas que —según el texto— carecen de legitimidad histórica y han puesto intereses personales por encima del proyecto revolucionario.
Aunque Rosario Murillo no es mencionada por nombre, el señalamiento alude claramente al actual modelo de poder familiar que domina el régimen nicaragüense.
“Lo que hoy nos amenaza no viene de afuera: nace desde adentro”, afirma el documento, en una frase que rompe con la narrativa oficial que responsabiliza a enemigos externos de la crisis política.
Denuncia de persecución contra cuadros históricos
Uno de los puntos más sensibles del comunicado es la denuncia del encarcelamiento y muerte bajo custodia de figuras históricas del sandinismo.
El texto menciona explícitamente a Humberto Ortega, fallecido en septiembre de 2024 en el Hospital Militar mientras se encontraba detenido, así como a Bayardo Arce, Álvaro Baltodano, Rodolfo Castillo, Néstor Moncada y Carlos Fonseca Terán, además de jóvenes militantes identificados como “La Comuna”.
Los firmantes sostienen que más de un centenar de militantes sandinistas y funcionarios del Estado estarían encarcelados por razones políticas, entre ellas opinar o criticar al actual liderazgo.
“¿Acaso olvidamos que el FSLN nos formó para ser críticos?”, cuestiona el texto, que acusa a los actuales beneficiarios del poder de disfrutar privilegios mientras antiguos compañeros enfrentan prisión, exilio interno y precariedad.
Llamado a corregir el rumbo… o actuar
El comunicado concluye con un llamado a la “crítica y autocrítica” y al rescate del “espíritu revolucionario”, pero introduce un elemento que ha generado especial preocupación: la advertencia de que, si no hay correcciones, los firmantes actuarán “fieles al juramento histórico del FSLN”, citando incluso pasajes del juramento sandinista que aluden a la defensa armada del proyecto revolucionario.
Aunque no se plantea de forma explícita una acción violenta inmediata, el tono del cierre marca una ruptura inusual en el discurso interno del sandinismo y sugiere una disposición a confrontar al actual liderazgo en nombre del legado de Augusto C. Sandino y Carlos Fonseca Amador.
Señales de fractura interna
El documento, su retórica y la referencia directa a presos políticos dentro del propio FSLN refuerza la tesis de una crisis interna profunda en el régimen Ortega-Murillo.
Más allá de su autenticidad o alcance real, el comunicado evidencia un malestar creciente entre antiguos cuadros sandinistas y sectores vinculados históricamente al aparato militar y partidario.
Como ha advertido el analista político Óscar René Vargas, la mayor amenaza para el régimen ya no provendría de la oposición tradicional, sino de las tensiones acumuladas en su propio núcleo histórico.
