El mundo avanza hacia una nueva etapa de confrontación global marcada por la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China, un escenario que redefine las reglas del comercio internacional y coloca a América Latina en una posición vulnerable y decisiva. Así lo advirtió el historiador y analista político Vladimir de la Cruz durante su participación en el programa La Mesa Redonda, conducido por el periodista Sergio Marín Cornavaca.
Durante la entrevista titulada “El fin de la globalización: el choque China–EE.UU. y el destino de América Latina”, De la Cruz sostuvo que la era de la globalización abierta ha llegado a su fin y está siendo reemplazada por un sistema de bloques económicos, tecnológicos y geopolíticos cerrados, donde las potencias ya no compiten por ideologías, sino por el control de mercados, rutas comerciales, recursos estratégicos y tecnologías clave como la inteligencia artificial, el 5G y los microchips.
“El mundo está entrando en una Guerra Fría 2.0”, afirmó De la Cruz, explicando que la disputa actual no se libra con ejércitos tradicionales, sino mediante aranceles, sanciones, control tecnológico y presión diplomática. En este contexto, América Latina vuelve a ser vista como territorio de influencia, proveedor de materias primas y escenario de disputas ajenas.
El académico hizo un recorrido histórico para demostrar que esta lógica no es nueva. Desde las llamadas “repúblicas bananeras” y el dominio de monopolios como la United Fruit Company, hasta las actuales disputas por el petróleo, el litio y las infraestructuras estratégicas, la región ha sido sistemáticamente subordinada a intereses externos.
De la Cruz alertó sobre el endurecimiento de la política estadounidense hacia América Latina, particularmente bajo la doctrina de seguridad nacional impulsada por el presidente Donald Trump, que considera al hemisferio occidental como una extensión directa de la seguridad interna de Estados Unidos.
Casos como Venezuela, Cuba y la presión sobre infraestructuras estratégicas —puertos, telecomunicaciones y energía— evidencian esta nueva fase de control hegemónico.
En contraste, el analista señaló que China ha desplegado una estrategia distinta, centrada en la cooperación económica sin imposiciones políticas explícitas, basada en la integración comercial, el desarrollo de infraestructura y el supuesto respeto formal a la soberanía, lo que ha incrementado su influencia en América Latina, África y el sur global.
“No se trata de amor y altruismo, sino de un proyecto geoeconómico que busca estabilidad, rutas comerciales seguras y mercados a largo plazo”, explicó De la Cruz, subrayando que el verdadero dilema para los países latinoamericanos será si pueden mantener una posición autónoma o serán forzados a elegir bando.
La entrevista concluyó con una reflexión sobre la debilidad actual del movimiento de países no alineados y la urgencia de que América Latina recupere una visión estratégica propia, basada en la soberanía, la integración regional y el pensamiento crítico, para no repetir su papel histórico como ficha de cambio en conflictos globales.
“La historia demuestra que los imperios caen, pero los pueblos pagan el costo si no comprenden a tiempo el mundo que cambia”, concluyó Sergio Marín.
