Medios de comunicación en España han comenzado a arrojar luz sobre el posible trasfondo de la expulsión del embajador español en Nicaragua, Sergio Farré Salvá, ordenada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en un movimiento calificado como inédito, abrupto y sin precedentes recientes en la relación bilateral.
Lo que reportan los medios españoles
Según medios como ABC y La Voz de Ibiza, el detonante habría sido el contacto del diplomático con ciertas personas durante sus primeros días en el país, una práctica habitual dentro del ejercicio diplomático, pero considerada por la dictadura como un acto de “injerencia”.
De acuerdo con informaciones citadas por medios españoles, el régimen en Nicaragua justificó la expulsión alegando que el embajador habría realizado “actividades incompatibles con su estatus diplomático”.
Según fuentes citadas por el diario The Objective y por organizaciones vinculadas a la cooperación española en Nicaragua, la expulsión se produjo apenas un día después de que el embajador y su segundo se reunieran en Managua con un grupo de cooperantes de oenegés españolas que desarrollan proyectos de carácter social y humanitario en el país.
El encuentro tuvo lugar el viernes 23 de enero de 2026. Al día siguiente, por la noche, ambos diplomáticos recibieron una notificación en la que se les ordenaba “salir inmediatamente del país”. En ese mismo contexto, varios cooperantes españoles también fueron expulsados, aunque no existe una cifra oficial y las fuentes aseguran que el número sería mayor al inicialmente reportado.
Pese a la gravedad del episodio y a la respuesta inmediata del Gobierno español —que expulsó al embajador nicaragüense en Madrid, Maurizio Carlo Gelli, y a otro diplomático de Managua en aplicación del principio de “estricta reciprocidad”— los co-dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo han guardado un silencio absoluto.
Tampoco la Cancillería nicaragüense ha emitido una explicación pública sobre la expulsión del diplomático español ni sobre el deterioro acelerado de las relaciones bilaterales.
Por su parte, el movimiento opositor PUDE condenó la expulsión del embajador español y la calificó como “un ataque más contra quienes defienden los derechos humanos en Nicaragua”.
En un pronunciamiento público, señaló que estas expulsiones revelan una estrategia deliberada de autoaislamiento del régimen sandinista para evadir acusaciones de crímenes de lesa humanidad, al tiempo que profundiza sus alianzas con gobiernos autoritarios como Rusia, China e Irán.
