Durante una intervención en el programa La Mesa Redonda, el periodista nicaragüense Sergio Marín Cornavaca realizó un llamado contundente a la reflexión nacional e internacional sobre la situación de los presos políticos en Nicaragua, denunciando la persistencia de detenciones arbitrarias, el uso del encierro como herramienta de terror y la profunda contradicción moral del sistema penitenciario del país.
Marín Cornavaca inició su mensaje contextualizando la saturación informativa y el consumo acelerado de contenidos digitales en la actualidad, señalando que, mientras gran parte de la atención pública se dispersa en redes sociales, en Nicaragua persiste una realidad que “chorrea sangre”: hombres y mujeres encarcelados únicamente por ejercer su derecho a disentir.
“El lamento de los presos políticos no es un tema repetido ni cansón; es el pulso mismo de nuestra dignidad como nación”, afirmó.
El periodista denunció que el régimen nicaragüense mantiene una práctica sistemática de excarcelación de miles de reos comunes bajo el régimen de convivencia familiar —en listas que alcanzan cifras de hasta 2,000 personas— mientras se niega cualquier gesto humanitario hacia quienes permanecen presos por razones políticas, aun cuando muchos de ellos ya han cumplido íntegramente sus condenas o nunca debieron ser encarcelados.
“No existen razones legales para que estas personas sigan presas. Mantenerlas en prisión es una violación flagrante al derecho interno y a los tratados internacionales suscritos por Nicaragua”, subrayó.
Durante su intervención, Marín Cornavaca recordó que organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Organización de Estados Americanos (OEA) han reiterado que Nicaragua vive bajo una dictadura donde los derechos humanos han sido anulados. Asimismo, citó las denuncias públicas de Rosa María Payá, quien ha advertido que el encarcelamiento político es utilizado como un mecanismo de terror estatal.
También hizo referencia al llamado urgente del Grupo de Excombatientes y Exiliados (GREX), destacando que no se trata de una postura partidaria, sino de un clamor humanitario frente a una represión que continúa más allá de las masacres documentadas en años anteriores y que hoy se expresa en el silencio de las celdas, el aislamiento y la negación de atención médica.
En su pronunciamiento, Marín Cornavaca mencionó casos emblemáticos de presos políticos, entre ellos:
Marvin Vargas, “El Cachorro”, excombatiente sandinista que ya cumplió su condena y permanece ilegalmente encarcelado por exigir dignidad para los excombatientes olvidados.
Manuel Urbina Lara, abogado que, pese a haber extinguido su pena, continúa privado de libertad, en lo que calificó como “secuestro estatal”.
Jaime Navarrete, con más de 2,000 días de prisión tras cumplir una condena injusta.
Asimismo, recordó a José Olivar Meza Raudez, quien cumplió su condena de 10 años en julio de 2024; José Ricardo Cortés, quien según GREX estaría perdiendo la vista en prisión; y a Eddy Gutiérrez Delgadillo, Rosendo Huerta, Jairo Obando, Leonel Poveda (Comandante Pantera), Walter Balmaceda, Wilfredo Balmaceda y Zacarías Cano Angulo, entre otros.
Según datos del GREX, existen 44 presos políticos oficialmente reconocidos, al menos 15 casos adicionales en proceso de documentación, incluyendo personas de comunidades indígenas mayangnas, y un subregistro significativo debido al temor de las familias a denunciar.
A ello se suma una lista aún no pública de personas vinculadas al propio régimen que han sido purgadas y encarceladas.
En su mensaje final, Marín Cornavaca dirigió un llamado directo a tres actores clave:
Al régimen nicaragüense, instándolo a comprender que la liberación por razones humanitarias no es un gesto de debilidad, sino un acto mínimo de cordura y legalidad.
Al pueblo nicaragüense, recordándole que la acción también es memoria y que normalizar el encarcelamiento político es aceptar la derrota moral.
A la comunidad internacional, exhortándola a no desviar la mirada y a mantener la presión efectiva por los derechos humanos en Nicaragua.
“No hablo como activista político. Hablo como periodista nicaragüense, desde el exilio, comprometido con la verdad y con el sufrimiento de nuestra gente”, concluyó.
“La labor del periodismo es ser el eco de los lamentos que no entran en las tendencias. Es hora de la liberación. Es hora de que ni un solo nicaragüense más pase una noche en prisión por querer un país mejor”.
