La socióloga nicaragüense Elvira Cuadra Lira, directora del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM), advirtió que la reforma constitucional impulsada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo representa la “legalización” de una dictadura totalitaria y abre la puerta a una sucesión dinástica.
En una amplia entrevista con La Mesa Redonda, Cuadra explicó que la crisis sociopolítica de Nicaragua, desatada en abril de 2018 con las protestas ciudadanas, marcó un punto de no retorno.
“El 2018 fue un parteaguas en el proceso político del país y en la historia de la movilización social en Nicaragua. Elevó el nivel de la contienda política, colocó al régimen de los Ortega-Murillo en ese momento en una crisis que se ha prolongado hasta el día de hoy. Desde que estalló abril de 2018 y a través de diferentes mecanismos, el régimen de los Ortega-Murillo ha intentado recuperar el control y la legitimidad de Nicaragua”, afirmó.
Cuadra mencionó que entre los intentos del régimen están el diálogo nacional de 2018, las elecciones de 2021, los intentos de pactar con la Iglesia y la empresa privada.
“Pero siete años después, el régimen necesita recuperar el control del país y establecer una supuesta normalidad. Ese proceso de institucionalización, de legalización de un régimen que ya tiene todas las características de ser dictatorial” viene ahora con la reforma total a la Constitución Política de Nicaragua, aseveró la experta.
“Es una nueva Constitución que lo que hace es construir un marco legal a eso que ya han venido haciendo, que ya han venido decidiendo de facto en años anteriores y que termina de configurar la arquitectura de ese régimen que además de dictatorial es dinástico”, declaró.
Cuadra subraya que la figura de los “copresidentes” —Daniel Ortega y Rosario Murillo— permite resolver la sucesión inmediata entre ambos, pero deja sin respuesta qué ocurrirá después.
“Esa figura de los copresidentes resuelve la sucesión dinástica o el traspaso de poder entre Daniel Ortega y Rosario Murillo, pero no resuelve lo demás. Eso queda todavía con elementos que no están definidos suficientemente claros”, mencionó.
“Establece que los copresidentes nombran o designan vicepresidentes, pero no establece cómo, ni qué funciones van a tener, ni qué va a pasar con esos vicepresidentes, que van a dejar de ser electos porque van a ser designados y qué va a pasar con ellos una vez que, por ejemplo, ocurra la ausencia de uno de los copresidentes”, añadió.
Un punto clave que revela la orientación hereditaria del nuevo esquema, según Cuadra, es la eliminación de las restricciones de consanguinidad para ocupar altos cargos públicos.
“Eso hace suponer que están pensando en las otras generaciones, o los hijos, los nietos de los Ortega Murillo para ejercer cargos públicos”, advirtió.
Para la directora de CETCAM, el régimen ha terminado de desmantelar los pilares de la democracia: Elimina la separación de poderes al subordinar todas las instituciones del Estado a la “copresidencia”, anula el pluralismo político, al condicionar la existencia de partidos a su adhesión a los principios del régimen, y suprime derechos fundamentales con figuras como la apatridia y la “traición a la patria”.
La socióloga consideró que, con esta reforma constitucional, Nicaragua deja de ser un estado democrático para convertirse en un régimen “autoritario, totalitario y sultanístico”.
Aun así, resaltó que el problema de la sucesión sigue sin estar completamente resuelto.
