Día mundial de la Salud Mental

Dr. Leonel Arguello Yrigoyen, médico especialista en Epidemiología

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Hablar de salud mental nos cuesta, es difícil expresar el dolor interno, la angustia o el sufrimiento, es más fácil decir que me duele el estómago a decir estoy triste o no me siento animado, tal parece que evidenciarlo, especialmente de forma verbal, es como cometer un pecado mortal, es mostrar debilidad y nadie quiere que lo vean débil, pero la verdad es que manifestar que usted tiene un problema de salud mental requiere valentía, decisión y apoyo familiar y comprensión de las amistades. Hay que acabar con esta estigmatización, dejando de señalar o marcar a una persona y verlo como inaceptable, inferior y dejar de generar una respuesta negativa en la sociedad.

La situación del progresivo deterioro económico, social y especialmente el contexto político en Nicaragua, junto a la epidemia de la COVID-19, nos ha aumentado nuestros problemas de salud mental, por eso, reducir la exposición a las noticias, mantenerse activos y seguir hábitos saludables de sueño, alimentación y actividades físicas rutinarias, mantener el contacto con nuestros seres queridos, reducir el consumo de alcohol y tabaco, son recomendaciones para cumplir, pues nos beneficia a todos.

La familia ni la sociedad debe ver un problema de salud y menos si es mental, como algo malo o que debe esconderse, ni reprimir a quien lo siente. El rol debe ser la comprensión, es entender que todos tarde o temprano, en menor o mayor medida, vamos a sufrir algún problema que será o no resuelto y cuya solución será más rápida, si se cuenta con la colaboración de los más cercanos, del amor de la familia o de su círculo de personas que le rodean.

Cada 40 segundos en el mundo una persona se suicida, pero en ese mismo tiempo 20 personas han tratado de quitarse la vida sin lograrlo, que es lo que conocemos como intento de suicidio, los cuales volverán a intentarlo, siendo prevenible. En el mundo perdemos 800 mil vidas por suicidio en un año, tratemos de imaginarnos el gran impacto que queda alrededor de familiares y amistades, donde la gran mayoría no recibe apoyo psicológico para enfrentar este trauma.

El suicidio es la segunda causa de muerte en la población de 15 a 29 años y a pesar de ello no contamos con programas de salud mental efectivos, ni es una prioridad nacional, tampoco proporcionamos en el momento adecuado mecanismos de adaptación o apoyo necesario en un mundo rápidamente cambiante, donde se encuentran estos jóvenes, recordemos que el 80% de los casos mundiales se presentan en países como el nuestro, con ingresos bajos y medianos.

Cuatro acciones demostradas por la OMS que funcionan para evitar el suicido son: 1-restringir los medios que se utilizan para suicidarse, 2-alentar a los medios de comunicación para presentar historias esperanzadoras, no sensacionalista, donde además, es el colmo en nuestro país, que hasta te dan la receta para el suicidio, 3-promover programas de orientación en las escuelas primarias, secundarias, técnicas y en las universidades, para que adquieran actitudes para enfrentarse a la vida y  4-identificar riesgo del suicidio lo más temprano posible para brindar ayuda. Yo diría que son cincos las acciones y ahí entra usted, para que sea vigilante, no discrimine, apoye y aprenda los primeros auxilios en salud mental.

Los Primeros Auxilios para la Salud Mental consisten en evaluar el riesgo de suicidio o daño físico, escuchar sin juzgar, que la persona se sienta respetada, aceptada y entendida, dar apoyo e información. No culpes a la persona por sus síntomas, las enfermedades mentales y las adicciones son enfermedades reales y tratables, estimula la búsqueda de ayuda profesional adecuada con psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, consejeros escolares y sugiere estrategias de autoayuda y otro tipo de asistencia, ejercicios, relajación y meditación, participar en grupos de ayuda con personas en la misma situación, libros de autoayuda, terapia cognitivo-conductual (conversar, analizar el problema, sentimientos y conductas, reemplazar pensamientos negativos por positivos, modificar conductas) y contacto con la familia, los amigos, la iglesia y las redes sociales específicas, con un lenguaje positivo y educativo.

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