Dialogar con Ortega es alargar agonía de nicaragüenses

*Por Iván Cortez Espinoza

En Nicaragua los secuestrados políticos son cartas del dictador criminal Daniel Ortega las cuales, evidentemente, pretenderá poner sobre una mesa de negociación después del diez de enero próximo.

El pueblo nicaragüense está claro que con Ortega no se puede ni debe dialogar y/o negociar. Si el Cosep (Consejo Superior de la Empresa Privada) lo hace a través de su mexicano aliado del Orteguismo al mando es problema de los capitalistas nicaragüenses y tendrán que atenerse a las consecuencias.

EEUU, la Unión Europea, Canadá al igual que Inglaterra sin marginar a los países latinoamericanos aglutinados en la OEA  han asegurado, mediante Asambleas y comunicados, que las elecciones montadas por Ortega y su consorte es una farsa.

Si todos estos países, o parte de ellos, llegaran a reconocer al Gobierno dictatorial impuesto mediante el fraude Orteguista estarían ante una terrible contradicción ante los ojos del mundo. Difícil creer que se atrevan a reconocer a los que han destruido un país, secuestrar a opositores y haber asesinado a medio millar de inocentes personas.

La oposición autentica nicaragüense disgregada en el exterior y una parte considerable clandestina en Nicaragua han dicho y deben cumplir su palabra que con Ortega no se dialogara nunca más. ¿Los EEUU negociarán con terroristas que asesinan y secuestran a sus mismos conciudadanos para imponer, mediante un ejército y policía dócil, sus caprichos? Difícil creer que rompan sus propias normas.

Tanto la comunidad internacional como la oposición –la verdadera- nicaragüense deberán reflexionar ante un llamado al dialogo del criminal dictador Ortega. Bien se sabe que el Orteguismo no respeta ningún acuerdo aunque estos sean con garantes del representante del Santo Papa o de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Al déspota de Ortega lo que le interesa es dialogar, ganar tiempo y al final hacer lo que le venga en gana. Cualquier diálogo con el dictador nicaragüense es brindarle oxígeno y alargar la agonía del pueblo y apresurar la amenaza para Centroamérica. Ortega y Murillo no tienen un ápice de compasión para con los nicaragüenses.

La dictadura Orteguista podrá, mediante las armas, imponerse en el poder pero no podrá jamás gobernar con una oposición dentro y fuera del país dispuesta a luchar por la liberación de su país. Los crímenes y robos de Ortega-Murillo y allegados no pueden ser olvidados menos pretender que queden en la impunidad.

Sin justicia en Nicaragua nunca podrá desarrollarse un Estado Democrático menos que llegue la paz a este país centroamericano que una vez más enfrenta la crueldad de una criminal dictadura.

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