El historiador y analista Vladimir de la Cruz sostiene que la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero no abrió una transición democrática clásica en Venezuela, sino que marca el inicio de un “protectorado político” bajo control de Washington, con el petróleo y la geopolítica regional como ejes centrales.
La crisis venezolana entró en una fase inédita tras la intervención militar de Estados Unidos que culminó con la captura de Nicolás Maduro. Para el analista Vladimir de la Cruz, lo que vive el país sudamericano no es una transición convencional hacia la democracia, sino un proceso “sui generis” donde “cambia todo para que nada cambie”, o incluso una pérdida de soberanía frente a los intereses estratégicos de Washington.
“Lo primero que hay que decir es que fue una situación violenta y triste. El problema de Venezuela debió resolverse entre venezolanos”, afirmó.
Desde su perspectiva, la justificación estadounidense —la presunta existencia de un cartel de narcotráfico encabezado por Maduro— carece de sustento en el derecho internacional y responde más bien a una doctrina de seguridad nacional que permite a Estados Unidos intervenir donde considere amenazados sus intereses.
De la Cruz sostiene que, más allá del discurso sobre narcoterrorismo, el trasfondo real es el control de los recursos energéticos y minerales venezolanos.
“Detrás de la operación estaba el petróleo, como también lo ha planteado el presidente Trump respecto a otras regiones estratégicas”, señaló, en alusión a Groenlandia, Panamá y el reposicionamiento geopolítico en América Latina.
Operación quirúrgica y control petrolero
El analista reconoció que la acción militar fue “quirúrgica” y de alta precisión: Maduro fue capturado en el Fuerte Tiuna, el principal complejo militar de Caracas, mientras el resto de la estructura estatal —Asamblea Nacional, Poder Judicial y Fuerzas Armadas— permaneció intacta.
Al día siguiente, según relató, arribó a Caracas el director de la CIA acompañado de funcionarios estadounidenses, iniciando conversaciones con Delcy Rodríguez, quien asumió como presidenta encargada.
“Fue como marcar territorio. Desde entonces, el control sobre la producción y comercialización del petróleo pasó, en la práctica, a estar supervisado por Estados Unidos”, afirmó.
Indicó que se bloquearon envíos de crudo hacia Cuba, Irán, Rusia y China, lo que provocó protestas diplomáticas, especialmente de Moscú y Pekín. Además, señaló que Washington impulsa nuevas inversiones de petroleras estadounidenses en territorio venezolano.
¿Transición o administración tutelada?
Para De la Cruz, el escenario actual se asemeja más a un protectorado que a una transición democrática plena.
“Un protectorado es cuando un Estado ejerce control sobre la defensa, el orden interno y las relaciones exteriores de otro. Eso es lo que estamos viendo”, explicó, recordando antecedentes históricos como la influencia estadounidense en Cuba a inicios del siglo XX o la presencia en la zona del Canal de Panamá.
Aunque se han producido liberaciones de presos políticos y se habla de posibles elecciones, advierte que el proceso está condicionado por acuerdos con Washington.
“La existencia del gobierno de Delcy Rodríguez debe ser finita si esto es una transición real. Si no, sería solo una reconfiguración del mismo modelo”, apuntó.
Según el analista, el ejército venezolano juró lealtad a Delcy Rodríguez, un gesto que no había ocurrido formalmente con Maduro, lo que refleja un reacomodo interno del poder.
También sugirió que la operación del 3 de enero contó con colaboración interna dentro de estructuras políticas y militares venezolanas.
Libertades y equilibrio frágil
Sobre la situación de derechos y libertades, De la Cruz considera que podría abrirse un margen mayor de expresión, aunque reconoce que los medios de comunicación siguen en gran medida bajo control estatal o autocensura, tras años de cierres y confiscaciones.
“La sola liberación de detenidos ya cambia el clima político, pero hablar de libertades plenas es prematuro”, indicó.
En cuanto al futuro, plantea varios escenarios: desde una transición pactada con elecciones supervisadas internacionalmente, hasta la consolidación de un modelo de administración tutelada por Washington, centrado en la estabilidad económica y el control energético.
“No recuerdo una situación como esta, por lo menos en el continente, no recuerdo una situación como esta”, concluyó.
La incógnita ahora es si este proceso desembocará en una apertura democrática sostenible o en un nuevo equilibrio de poder donde la estabilidad económica avance sin una restitución plena de las libertades políticas.
