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Ordenan en secreto a dos sacerdotes nicaragüenses en Costa Rica por temor a represalias del régimen

En una ceremonia celebrada en silencio y sin convocatoria pública, dos sacerdotes nicaragüenses fueron ordenados el pasado 7 de febrero en la Diócesis de Limón, Costa Rica, en un contexto marcado por el temor a represalias del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra ellos o sus familiares.

Según el portal Religión en Libertad, la ordenación se realizó de manera privada, sin retransmisión y sin presencia de allegados. Una fuente eclesiástica solicitó incluso omitir la identidad de los nuevos presbíteros por razones de seguridad.

La decisión de mantener la celebración en reserva refleja el impacto de la persecución contra la Iglesia católica en Nicaragua, donde sacerdotes, seminaristas y diáconos han debido exiliarse para continuar su formación y ministerio fuera del país.

Durante la homilía, el obispo de la Diócesis de Limón, Javier Gerardo Román Arias, aludió directamente al contexto de destierro que rodeó la ordenación.

No estamos aquí para celebrar un acontecimiento humano, sino para contemplar una obra de Dios; una obra que no se apaga con la persecución, que no se detiene ante las fronteras, que no se rompe con el destierro. Hoy la Iglesia ora en silencio”, expresó.

Dirigiéndose a los recién ordenados, el prelado señaló que llegaban a este momento “con una historia marcada por la cruz” y que no abandonaron su patria “por elección, sino por fidelidad”.

Subrayó que fueron ordenados lejos de su familia, “en una celebración sobria, casi escondida”, pero afirmó que ese silencio constituye “un poderoso testimonio de fe”.

El obispo recordó, citando al profeta Jeremías, que la vocación sacerdotal precede cualquier coyuntura política o personal: “Antes del miedo, antes del exilio, antes incluso del dolor, Dios ya había pronunciado su nombre”.

Román también agradeció la acogida brindada por Costa Rica. “No es solamente un lugar geográfico; es una casa que abrió sus puertas, una Iglesia que los acogió como hermanos”, dijo, instándolos a servir con gratitud al pueblo que les ofreció refugio.

La ordenación en Limón, celebrada lejos de su tierra natal y en condiciones de discreción, se convierte así en un símbolo del impacto del exilio en el clero nicaragüense y de la continuidad de su ministerio fuera de las fronteras del país.