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“La sucesión dinástica de Ortega-Murillo enfrenta un problema de identidad y de imagen”, dice sociólogo

El sociólogo y politólogo nicaragüense Juan Carlos Gutiérrez Soto advirtió que la “narrativa heroica y guerrillera” que el régimen de Daniel Ortega ha intentado sostener durante décadas se encuentra en abierta contradicción con el perfil de la nueva generación llamada a sucederlo, encabezada por Rosario Murillo y sus hijos.

Tenés una narrativa y un discurso en pos de los pobres y oprimidos y contra el imperialismo y tal. Nada de eso tiene ni Rosario Murillo ni sus hijos, que son en principio el eslabón de la sucesión dinástica”, declaró el experto a La Mesa Redonda.

Según Gutiérrez Soto, Ortega ha construido su liderazgo siguiendo un patrón histórico de dictadores como Stalin: borrar de la memoria política a quienes participaron en proyectos colectivos y eliminar a todo aquel que, en algún momento, lo haya cuestionado.

En ese contexto, figuras como el periodista William Grigsby actúan como “instrumentos publicitarios” para reforzar la imagen del líder guerrillero y antiimperialista, un relato que ni Murillo ni sus hijos pueden encarnar.

Laureano (Ortega), primero porque es joven con relación a todas las gestas guerrilleras de los 70 y para atrás; él es la antítesis del imaginario, incluso físico, el estilo de vestimenta y de prestarse a la de un guerrillero o la de un discursivo antiimperialista. Él tiene todas las simbologías coloniales: sacos Armani, relojes de la grande gama, estilos de vestimenta y actitud”, señaló.

Esto, afirmó, genera ruido y contradicciones en la comunicación política del régimen, debilitando su narrativa ante las bases.

El politólogo también subrayó que la “falta de respeto” y legitimidad de Murillo y sus hijos entre los “históricos” del Frente Sandinista provoca que todo aquel que represente una sombra para la sucesión dinástica sea desplazado, encarcelado o incluso eliminado.

Además, sostuvo que el Frente Sandinista ha pasado de ser un movimiento guerrillero a un partido de masas en los años 80, y ahora a un partido electoral familiar, carente de estructura y programa político.

Se sostiene no por legitimidad ni legalidad, sino por la fuerza, y esa fuerza requiere recursos permanentes que no son infinitos”, advirtió.

Finalmente, Gutiérrez Soto afirmó que el estilo de liderazgo de Murillo y Ortega es “dilapidario”, ya que desgasta a sus propios leales mediante rotaciones abruptas y decisiones autoritarias, lo que mina la posibilidad de una transición interna ordenada y agrava el problema de identidad del régimen.