El antiguo Hotel Seminole, una emblemática propiedad ubicada en el corazón de Managua, ya no existe como tal. Donde antes operaba un hotel de 85 habitaciones, hoy se levanta un edificio rebautizado como “Apartamentos Jacaranda”, en una transformación que refleja el modelo de apropiación, reciclaje y control económico que caracteriza al régimen de la familia de los co-dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo.
El inmueble, adquirido en 2009 a través de la empresa mixta Albanisa —financiada con fondos de la cooperación petrolera venezolana—, formó parte de un conglomerado de negocios administrados bajo estructuras paraestatales vinculadas a la familia dictatorial.
Investigaciones periodísticas confirmaron que la compra incluyó también fincas ganaderas y habría rondado los 11 millones de dólares.
El hotel cerró sus operaciones en junio de 2018, en medio del colapso del turismo tras la represión estatal contra las protestas ciudadanas. Desde entonces, el edificio permaneció bajo control del entorno del poder, hasta que recientemente fue remodelado, repintado y relanzado con un nuevo nombre y propósito: apartamentos en alquiler.
Sin embargo, más allá del cambio estético —nuevo color, nuevo rótulo y un letrero de “se alquilan apartamentos”—, la transformación evidencia una práctica recurrente: reutilizar activos adquiridos con fondos públicos o de cooperación internacional para alimentar negocios privados ligados al círculo familiar del poder.

El Seminole no era un hotel cualquiera. Ubicado cerca de Metrocentro y la confiscada Universidad Centroamericana (UCA), contaba con piscina, restaurante, gimnasio y casino, y durante años fue un punto de referencia en la capital. Hoy, su reconversión en apartamentos ocurre sin transparencia sobre su administración, ni rendición de cuentas sobre el origen de los recursos invertidos en su remodelación.
Este caso se suma a una larga lista de propiedades y empresas que han transitado del ámbito público o paraestatal a estructuras opacas, consolidando un modelo donde el Estado y los intereses privados del poder se entrelazan sin controles.
Mientras el país enfrenta pobreza, migración forzada y deterioro institucional, el reciclaje del Hotel Seminole en “Apartamentos Jacaranda” no es solo un cambio de uso inmobiliario: es un símbolo de cómo el patrimonio económico se transforma en herramienta de acumulación para una élite dictatorial.
