El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo destituyó este martes a Isidro Antonio Rivera Guadamuz como embajador en Venezuela, apenas semanas después de haber sido nombrado en el cargo.
La decisión fue oficializada mediante el Acuerdo No. 60-2026, que deja sin efecto su designación como “embajador extraordinario y plenipotenciario ante el gobierno venezolano”.
El relevo se produce en medio de una cadena de movimientos abruptos dentro de la diplomacia nicaragüense.
Rivera había sido nombrado en febrero de 2026, poco después de la destitución de su antecesora, Valezka Fiorella López Herrera, quien permaneció menos de un mes en el puesto.
A diferencia de diplomáticos de carrera, Rivera Guadamuz proviene del aparato estatal y del sector agropecuario. Fue ministro del MAG, viceministro y posteriormente asesor presidencial, en medio de cuestionamientos por presuntos actos de corrupción.
Su designación en Caracas ya había generado dudas por su falta de experiencia en política exterior, lo que evidenciaba una tendencia del régimen a colocar en cargos diplomáticos a figuras leales, sin trayectoria en relaciones internacionales.
La rápida destitución confirma la inestabilidad dentro del servicio exterior nicaragüense, donde los nombramientos y remociones responden más a dinámicas internas de poder que a criterios diplomáticos.
