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Rosario Murillo se autoproclama “buena madre”

La co-dictadora Rosario Murillo volvió a presentarse como símbolo maternal del régimen, al asegurar en su alocución oficial que las nicaragüenses “sabemos ser buenas madres”, en medio de las celebraciones promovidas por la dictadura para el Día de las Madres que se celebra cada 30 de mayo en Nicaragua.

Honor y gloria a las madres nicaragüenses, que sabemos ser buenas madres, grandes luchadoras, grandes madres”, afirmó Murillo.

Sin embargo, las declaraciones de Murillo reabrieron cuestionamientos sobre una de las heridas más profundas de su historia personal y política: la denuncia de abuso sexual presentada en 1998 por su hija Zoilamérica Narváez contra Daniel Ortega.

El caso Zoilamérica: la sombra que persigue a Murillo

En 1998 Zoilamérica denunció públicamente a Ortega por violación y abuso sexual continuado desde su infancia. Lejos de respaldar a su hija, Murillo cerró filas con Ortega, calificó las denuncias como un intento de destruir políticamente al entonces líder sandinista y defendió públicamente a quien hoy comparte con ella el poder absoluto en Nicaragua.

La decisión provocó la ruptura familiar y el posterior exilio de Zoilamérica en Costa Rica.

Desde entonces, organismos de derechos humanos, feministas y sectores opositores han señalado a Murillo como símbolo de impunidad y complicidad política frente a denuncias de violencia sexual.

De “madre del pueblo” a rostro de la represión

Mientras la propaganda estatal intenta proyectarla como “madre protectora” de Nicaragua, opositores recuerdan que el régimen Ortega-Murillo dejó a decenas de madres nicaragüenses en duelo tras la represión de 2018.

Las llamadas Madres de Abril —madres de jóvenes asesinados durante las protestas— se han convertido en uno de los principales símbolos contra la dictadura.

Organizaciones de derechos humanos responsabilizan directamente al régimen por crímenes de lesa humanidad, ejecuciones extrajudiciales y persecución contra familiares de víctimas.

Un entorno familiar marcado por el control

Reportajes internacionales y análisis sobre el círculo familiar de Murillo también describen una dinámica autoritaria dentro de la familia dictatorial.

En actos públicos televisados, las cámaras oficiales han captado constantes gestos de control y tensión hacia sus hijas Camila y Luciana Ortega Murillo, particularmente durante eventos protocolarios del régimen.

Pese a los cuestionamientos históricos y políticos, Murillo insistió en presentarse como referente moral y maternal de Nicaragua.

Ser madre es una condición que exige valentía, nobleza y mucho amor”, afirmó.