San José. Con profundo dolor, la comunidad académica, intelectual y democrática de Nicaragua recibe la triste noticia del fallecimiento del Doctor Alejandro Serrano Caldera, el pensador más insigne de nuestra historia contemporánea, destacado jurista, filósofo, educador, exdiplomático y expresidente de la Corte Suprema de Justicia.
Su partida deja un vacío irremplazable en el pensamiento humanista de la región, pero su obra queda como una brújula perenne para el futuro de nuestra nación.

Un legado arraigado en «La Nicaragua Posible»
La obra del Dr. Serrano Caldera trascendió las aulas universitarias para convertirse en un proyecto de civismo. A través de más de veinte libros fundamentales —como La Nicaragua Posible, La unidad en la diversidad y Los dilemas de la democracia— construyó una robusta propuesta filosófico-política orientada a superar el autoritarismo, romper el ciclo de lo que él llamaba «la bicicleta estacionaria» de nuestra historia, e instaurar un verdadero Estado de Derecho.

Como Rector de la UNAN-Managua y presidente de la Cátedra que lleva su nombre, Serrano Caldera abogó incansablemente por el diálogo racional, la tolerancia institucional y la dignificación de la persona humana. Su pensamiento no fue un ejercicio aislado, sino una herramienta viva y descolonizada para entender la identidad de «Nuestra América» frente a los desafíos de la globalización y las crisis políticas.

Condolencias de La Mesa Redonda
El equipo de trabajo del La Mesa Redonda, junto a su director, el periodista Sergio Marín Cornavaca, expresan sus más sentidas condolencias a su digna familia, colegas y a las generaciones de estudiantes que se formaron bajo su luz intelectual.
Sergio Marín Cornavaca:
«El Doctor Alejandro Serrano Caldera no solo fue el filósofo de Nicaragua; fue el arquitecto conceptual de la concertación que tanto anhelamos. Su cátedra representó un faro de resistencia cívica, un espacio donde la inteligencia se impuso a la fuerza y donde el pensamiento crítico nos demostró que otra Nicaragua sí es posible. Me enorgullece haber contado con su guía, su lucidez y su cercanía fue un honor incalculable. Hoy no solo lloramos al maestro, sino que asumimos el compromiso ético de mantener vivo su legado y seguir debatiendo el país bajo los valores de pluralidad y decencia que él nos enseñó. Descanse en paz, querido Doctor».
