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Rosario Murillo llama “vagos” a sacerdotes exiliados

La co-dictadora Rosario Murillo volvió a dirigir señalamientos contra sectores de la Iglesia católica nicaragüense, particularmente contra sacerdotes exiliados que han mantenido denuncias públicas sobre violaciones a derechos humanos, persecución religiosa y represión estatal en Nicaragua.

Durante su intervención diaria en medios oficialistas, Murillo aseguró que quienes “se oponen a la paz” no pueden considerarse cristianos y arremetió contra religiosos que residen fuera del país.

Cuando vemos a esos que desde otras latitudes viven, creo que son vagos, twitteando y con el cargo, si acaso es un cargo de presbíteros, twitteando para atacar a su pueblo. Qué vergüenza”, expresó Murillo.

La vocera del régimen también cuestionó la participación de miembros de la Iglesia en debates políticos y afirmó que quienes dedican su vida a Dios no deberían involucrarse, según sus palabras, de manera “vulgar, ofensiva y pecaminosa” en política.

De verdad, estamos seguros que algún día la Iglesia Católica va a reconocer que un miembro de su iglesia no puede estar participando de manera vulgar, ofensiva y pecaminosa en política. Porque sabemos y creemos que aquellos que deciden entregar su vida disque a Dios tienen que de verdad respetar ese juramento, a Dios. No disque a Dios y servir al diablo, a Dios que es amor y al que amamos sobre todas las cosas”, dijo.

Aunque Murillo no mencionó nombres, sus declaraciones surgen en medio de constantes pronunciamientos de sacerdotes y religiosos nicaragüenses exiliados que han denunciado el cierre de espacios democráticos, la situación de presos políticos y la persecución contra la Iglesia católica.

Las declaraciones de Murillo coinciden con una etapa en la que voces religiosas fuera de Nicaragua mantienen presencia activa en redes sociales, entrevistas y foros internacionales, denunciando la situación política del país y reclamando respeto a derechos humanos y libertad religiosa.

La nueva descalificación pública refuerza el discurso confrontativo que la dictadura ha sostenido contra actores e instituciones consideradas críticas, incluyendo opositores, periodistas, organizaciones civiles y miembros de la Iglesia.