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La falta de unidad y estrategia común debilita a la oposición, según nuevo análisis de CETCAM

El Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM) publicó la edición 182 de su boletín Perspectivas, con un análisis profundo sobre la situación de la oposición en Nicaragua, siete años después del estallido de las protestas cívicas de abril de 2018.

El documento plantea una revisión crítica sobre los fracasos, las oportunidades perdidas y los desafíos actuales para construir una alternativa democrática viable al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Cada abril, el recuerdo de las protestas que sacudieron al país en 2018 renueva la discusión sobre la necesidad de unidad entre las fuerzas opositoras. Sin embargo, la realidad actual es marcada por la fragmentación, el desarraigo y la falta de una estrategia común, según concluye el análisis.

Aunque existen varias iniciativas que se han planteado como propósito articular acciones y contribuir a la unidad, ningún liderazgo, organización o alianza cuenta con la legitimidad y vocería suficiente entre las fuerzas opositoras; y aun así, hay grupos que adoptan enfoques rígidos, los imponen como condición, convirtiéndose en parámetros excluyentes para colaborar con otros”, apunta.

La oposición: un rompecabezas sin ensamblar

El boletín recuerda que, tras el cierre violento de las manifestaciones en 2018 —que dejaron más de 350 personas asesinadas—, la oposición ha atravesado una serie de reconfiguraciones sin lograr consolidar una plataforma efectiva ni representativa.

La experiencia de 2021, cuando se intentó participar en elecciones bajo un contexto de represión, dejó “lecciones clave” que no han sido suficientemente asumidas, sostiene CETCAM.

Durante ese año, la oposición se dividió en dos grandes bloques: la Coalición Nacional y la Alianza Ciudadana, cada una con partidos habilitados —PRD y CxL respectivamente— pero incapaces de converger en una sola candidatura.

A la postre, el régimen canceló la personería jurídica de ambos partidos, encarceló a precandidatos y figuras opositoras, y desmanteló cualquier posibilidad de competencia electoral real.

El boletín señala que, aunque el cierre del espacio político fue responsabilidad directa de la dictadura, las pugnas internas, el sectarismo y la falta de visión compartida limitaron severamente el margen de acción de la oposición.

Fragmentación y desarraigo: dos caras del mismo problema

Uno de los ejes centrales del análisis es la doble crisis de la oposición: por un lado, la atomización entre los distintos grupos en el exilio; por otro, el desarraigo respecto a las realidades que viven quienes permanecen dentro del país bajo vigilancia y represión constante.

CETCAM identifica que muchos grupos opositores en el exilio enfocan sus discursos hacia actores internacionales, como gobiernos y organismos multilaterales, mientras pierden conexión con las necesidades inmediatas de la ciudadanía nicaragüense.

El boletín apunta que se ha ido abriendo una brecha entre los actores opositores y la población, lo que mina la legitimidad de sus planteamientos.

Además, advierte sobre la proliferación de plataformas y agrupaciones sin una base organizativa sólida ni capacidad de articulación real. En muchos casos, estas operan desde el exilio con agendas propias y sin voluntad de concertación, lo que dificulta construir un frente común.

El reto de una nueva cultura política

Lejos de promover una “gran unidad” idealista, el análisis de CETCAM propone iniciar desde alianzas funcionales entre actores que ya están organizados, cuentan con legitimidad y tienen disposición para trabajar en conjunto.

El documento subraya que la unidad debe ser un proceso pragmático, gradual y orientado a objetivos claros, no una meta retórica que se anuncia sin estructura ni compromiso.

También se hace un llamado a promover una nueva cultura política democrática que abandone las prácticas autoritarias y excluyentes que históricamente han predominado.

Según CETCAM, esto implica ejercer el liderazgo de forma coherente, practicar el diálogo, reconocer la diversidad de visiones como una fortaleza y no como una amenaza, y actuar con generosidad.

Nicaragua requiere de sus líderes la capacidad de construir equipos, generar confianza, tender puentes y promover una cultura de cooperación, que reconozca la diversidad como un valor y no como un obstáculo, pero sobre todo compartir una visión esperanzadora y creíble del país que proponen construir”, se lee en el documento.

Estrategias posibles: incidencia internacional y resistencia interna

El boletín propone dos líneas estratégicas clave:

Incidencia internacional coordinada, para denunciar la represión y debilitar el financiamiento al régimen a través de acciones diplomáticas, jurídicas y financieras.

Reconstrucción de vínculos con la ciudadanía, basada en la escucha activa, la empatía y una narrativa que conecte con las necesidades reales de la población.

La oposición, indica el documento, debe comunicar que una Nicaragua democrática ofrecerá espacio para todos los que no hayan participado en crímenes o violaciones a los derechos humanos.

La alternativa democrática: posible, pero cuesta arriba

En su reflexión final, CETCAM concluye que, si bien la unidad total es poco probable en el corto plazo, la cooperación estratégica entre actores organizados puede marcar la diferencia.

Es necesario abandonar los maximalismos, reconocer las lecciones del pasado reciente y construir, paso a paso, una alternativa democrática con capacidad de movilizar a la ciudadanía y resistir de manera eficaz a la dictadura.

En la medida que los opositores nicaragüenses sean capaces de construir una alternativa política y un plan para la transición democrática con la participación de los grupos demócratas consecuentes, es posible contribuir de manera más efectiva a la salida de la dictadura de los Ortega Murillo y restablecer la confianza de la ciudadanía”, concluye CETCAM.