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Carazo: bastión de dignidad, rebelión y coraje

Carazo ha sido, a lo largo de la historia, un territorio bastión de dignidad, rebelión y coraje frente a todas las dictaduras que han intentado doblegar a su pueblo. En 2018, esa tradición de resistencia volvió a manifestarse con fuerza.

Hoy en día, la dictadura Ortega-Murillo ha desatado nuevamente su furia contra el pueblo caraceño. Más de veinte personas se encuentran detenidas, entre ellas cinco núcleos familiares. En uno de estos casos, incluso una menor de edad está privada de libertad. Además, conocemos de más secuestros que no han sido denunciados públicamente debido al miedo que paraliza a las familias. Pero si nos quedamos callados, estamos aceptando la crueldad de la dictadura. Callar es convertirse en cómplice de cada secuestro, de cada asesinato, de cada violación de derechos humanos.

El pueblo caraceño siempre ha sido valiente, pero también ha cargado con un sufrimiento profundo. El domingo 8 de julio de 2018 vivimos el día más sangriento desde el inicio de las protestas de abril: más de 25 personas asesinadas en una sola jornada, decenas de heridos y cientos forzados al exilio. A lo largo de estos años, la represión no ha cesado: el asedio, la vigilancia, las amenazas, los atentados y los asesinatos son las sombras que persiguen a quienes alzamos la voz por Nicaragua.

Quienes por necesidad o circunstancias del exilio han decidido regresar al país, enfrentan hoy persecución directa. Los familiares de los rebeldes de abril, de los que no callamos y seguimos firmes en la denuncia, también están siendo castigados: secuestrados, vigilados, torturados, encarcelados y asesinados por el simple hecho de llevar el apellido de alguien que se atrevió a decir basta.

Ante esta realidad, como oposición tenemos la responsabilidad histórica de tomar conciencia de lo que estamos viviendo. Es hora de dejar a un lado las banderas partidarias, los intereses personales y las divisiones que solo favorecen a la dictadura. Nuestro objetivo común es claro: liberar a Nicaragua. Ya no podemos seguir esperando ni postergando. Es momento de enfocarnos en acciones concretas que golpeen fuertemente al régimen, aprovechando su actual descalabro interno, su inseguridad y las fisuras que comienzan a abrirse incluso entre sus propios allegados.

Estoy convencido de que todas las personas que derramaron su sangre en las calles de Carazo, de Masaya, de Managua, de toda Nicaragua, para abrirnos el camino hacia la libertad, anhelan que logremos el entendimiento y la unidad que hasta hoy nos ha faltado.

Hagámoslo por los asesinados de ayer y de hoy.

Hagámoslo por las madres y familias que siguen llorando a sus hijos.

Hagámoslo por los reos políticos que resisten tras las rejas.

Hagámoslo por la libertad de nuestra Nicaragua.

El único camino es cobijarnos bajo una sola bandera y un solo grito:

¡Libertad para Nicaragua!

*Autor Líder Territorial de Carazo en el exilio.

Es anónimo por razones de seguridad.