Roberto D’Andrea
He tomado nota de los comentarios adversos suscitados por las declaraciones del Señor Eliseo Núñez en La Mesa Redonda, dirigida por el respetado periodista Sergio Marín Cornavaca. Considero que su análisis es parcialmente acertado, pero adolece de un error fundamental. La validez de su tesis reside en la alta probabilidad, según mi persona un 85%, de que se concrete una negociación para realizar elecciones libres y transparentes con el régimen de Daniel Ortega, frente a un escaso 15% de que se imponga una operación de transición gubernamental al estilo venezolano. El error, sin embargo, radica en la omisión de los crímenes cometidos: las atrocidades contra estudiantes, las torturas infligidas a los prisioneros políticos, los actos de corrupción y demás delitos perpetrados por el régimen, el ejército y sus allegados.
Permítame profundizar en la justificación de estas aseveraciones:
La Viabilidad de un Gobierno de Transición (15%)
La instauración de un gobierno de transición requiere condiciones previas rigurosas, siendo la principal su representatividad y reconocimiento. Este debe ser validado por la totalidad de la oposición nicaragüense y, subsecuentemente, por la comunidad internacional.
Para lograr este reconocimiento interno, la selección de sus miembros no debe ser resultado de acuerdos cupulares o negociaciones entre organizaciones minoritarias. Por el contrario, las plataformas opositoras deben consensuar una lista de atributos y criterios específicos (capacidad mediática, experiencia económica, liderazgo empresarial, representación campesina, afinidad política –derecha, centro, izquierda–, etc.).
La conformación debe seguir un proceso meritocrático y transparente, análogo a la selección de un equipo nacional, donde solo los individuos más competentes y calificados para cada criterio sean escogidos. Las organizaciones y particulares deberán presentar candidatos que cumplan rigurosamente con dichos atributos. Los desafíos inherentes a este proceso son múltiples:
- Transparencia en la Nominación: El proceso de recepción de candidaturas debe ser completamente transparente, evitando la autocandidatura sin respaldo objetivo.
- Selección Imparcial: El comité de selección debe estar compuesto por personas neutrales de reconocida trayectoria internacional, cuya decisión no debe ser interferida.
- El Desafío de la Descalificación: Un obstáculo crítico es la previsible descalificación pública del gobierno de transición por parte de aquellos que no resulten seleccionados, un escenario que se vislumbra como sumamente difícil de evitar.
- Armonización Estratégica: Una vez elegidos, los miembros deberían participar en un retiro estratégico (por ejemplo, en un hotel) con mediadores profesionales de calidad internacional para limar asperezas, unificar criterios y establecer una estrategia cohesiva para el derrocamiento del régimen dictatorial.
Solo bajo estas condiciones extremadamente rigurosas podría seleccionarse un gobierno provisional. No obstante, su instalación efectiva en Nicaragua requeriría una salida del régimen similar a la situación venezolana, motivo por el cual se le asigna un porcentaje de viabilidad no mayor al 15%.
La Alternativa de la Negociación (85%)
La vía que se estima más viable es la presión sostenida sobre el régimen para que acepte elecciones libres y transparentes, con una profunda reforma del Consejo Electoral y del marco normativo. En este contexto, se distinguen tres corrientes ideológicas principales en la oposición –una liberal, una conservadora y una de centro-izquierda– cuyos liderazgos ya son conocidos.
Es imperativo reiterar que, bajo ninguna circunstancia, la negociación debe incluir la impunidad para cualquier forma de crimen perpetrado.
Roberto D’Andrea | Ex miembro del Consejo Político de Unidad Nacional
