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A un año de nuestro secuestro, destierro y confiscación

Henry Briceño | 26 noviembre 2025

Dos y treinta de la tarde del domingo veinticuatro de noviembre del 2024. Irrumpieron en mi residencia veinte guardias orteguistas armados de fusiles Aka en posición de combate. El operativo a cargo del comisionado Lázaro Clemente Quintanilla Álvarez un forajido de la estatura de Daniel Ortega. Mi esposa Martha Rosa, mi hija Alana y mi pequeño hijo Henry José de once años amenazados con la punta de fusiles de una criminal dictadura.

Resonaban los gritos del jefe de las dos escuadras de energúmenos y de ordenes hacia mi núcleo familiar como “apúrense, no atrasen, van presos todos ustedes” agregaba blandeando una pistola 9mm en sus manos el referido comisionado “no lleven nada, no saquen nada, así como están se van, no atrasen…”

La triste historia de haber sido extraídos de esa forma violenta de nuestra residencia solo por el hecho que mi persona, desde que Daniel Ortega llegó al poder en 2007, jamás dude en publicar las arbitrariedades de la naciente dictadura tendente a crear la dinastía que ya se vislumbra en nuestra Nicaragua.

Atrás, en nuestro municipio habían quedado nuestros sueños realizados, incompletos y por iniciar.  Atrás quedaron nuestras obras, proyectos, cuatro negocios con rango de mayoría de edad, florecientes y una residencia bien acondicionada.

La criminal dictadura no logró que durmiéramos en parque alguno de San José. La solidaridad estuvo a flor de piel con mi núcleo familiar. Colegas periodistas, asociaciones civiles, organismos internacionales, al igual que costarricenses identificados con la lucha contra la brutal narco dictadura Ortega-Murillo dijeron presentes en nuestro caso. No enfrentamos frío, hambre, sed y ropa y zapatos llegaron como del cielo al extremo de compartir.

“No te preocupes, somos profesionales, sabemos trabajar, tenemos amigos, nos hemos portado bien con la sociedad, vamos a salir adelante” me decía mi valiente esposa al observarme algunas veces pensativo por la brutal arremetida de los que asesinan a Nicaragua.

Reflexionamos y llegamos a la conclusión que Daniel Ortega, Rosario Murillo, y el alcalde geófago de San Rafael del Sur José Noel Cerda Méndez, lo que deseaban eran nuestras propiedades.

Las anteriores estratégicamente ubicadas en San Rafael del Sur y en cuanto a los negocios pujantes, bien cuidados y con una dinámica de marketing acoplada a los nuevos tiempos ocasionaba alergia a la pandilla delincuencial del alcalde, hoy confirmado con la construcción de un edificio, en San Rafael del Sur, propiedad de un testaferro del alcalde quien, además, abusa de terrenos en costas de Masachapa, Kisala y los Melones.

Lógico, hoy que nuestros establecimientos han sido destruidos para construir clínicas y cruz blanca el camino está despejado para ofertar lo que nuestros negocios ofertaban en beneficio de la población. Ni en eso son originales.

A un año del brutal secuestro, destierro y confiscación, aquí estamos. La dictadura maligna pretendió lanzarnos a la indigencia y no pudo. Quiso truncar la carrera de medicina (cuarto año) de mi hija Alana y tampoco pudo. Hoy mi hija ha reanudado su carrera con buen suceso.

Pretendió Daniel Ortega y resto de perversos seres arruinar el futuro de un niño que le robaron sus bienes y que bajo amenaza de fusil lo secuestraron y desterraron, ese niño hoy estudia su secundaria bajo el amparo del amor de su familia.

Mi familia y yo estamos listos a retornar a Nicaragua, recuperar todos nuestros bienes robados bajo amenaza de las armas. Hemos de recordar que todas las escrituras sobre la transparencia de nuestros bienes están a buen resguardo esperando el momento de hacer los reclamos pertinentes.

Que la destructora narco dictadura derrumbe lo que quiera de nuestros edificios que al final lo nuestro volverá a ser controlado por nosotros, legalmente recuperaremos lo que en ley nos pertenece. 

La brutalidad del orteguismo nos ha permitido conocer aún más la esencia del amor. El sentido de familia, la fortaleza que provee la unidad familiar en los momentos más álgidos de la vida. Así, mi familia entrelazando manos y corazones entre sí hemos recorrido países lejanos y podido enterarnos del desprecio generalizado hacia la familia Ortega-Murillo. Familia narco dictatorial increíblemente desarticulada por la propia Rosario Murillo como producto inmediato de su odio enfermizo hasta para con los suyos.

Daniel Ortega, Rosario Murillo y un centenar de ases7nos más señalados por diversas entidades de derechos humanos de crímenes de lesa humanidad enfrentarán la justicia internacional. Son delitos que no prescriben.