Por José López Arauz
El dinero enviado desde el extranjero, sostiene hogares, dinamiza la economía y refleja la profundidad del éxodo nicaragüense.
En una noticia leída el 25 de abril de 2025, el Banco Central de Nicaragua publicaba su último informe trimestral sobre remesas familiares, destacando el incremento de las remesas en un 26%, pasando de 930,7 millones de dólares en el primer trimestre de 2024 a 1208,0 millones de dólares al primer trimestre de 2025.
En Nicaragua, estos envíos generan vínculos entre las personas migrantes y sus familias en el país de origen, cumpliendo un papel fundamental al cubrir necesidades básicas como alimentación, salud, educación, etc. Esta dependencia económica también plantea interrogantes sobre su impacto en el largo plazo en el desarrollo del país y sobre las consecuencias sociales que implica la migración de su población económicamente activa.
Históricamente, Nicaragua ha sido azotada por una serie de eventos socio políticos, climáticos y de otras índoles por los cuales, las personas han tenido que salir forzosamente del país con el fin de salvaguardar su vida, integridad y sobre todo con el fin de buscar nuevas oportunidades de vida, mismas que no pudieron tener en su país mismo.
“La migración nicaragüense es un fenómeno histórico multi causal caracterizado por el surgimiento y desarrollo de diversas “oleadas”, es decir, movimientos masivos de personas hacia otros territorios. Las diferentes oleadas migratorias se han producido como resultado de los altos niveles de pobreza, la falta de empleos, la exclusión social y las crisis económicas, así como la violencia política, las revoluciones, las guerras, las masacres y los enfrentamientos a lo largo de la convulsa historia del país”.
Volviendo al tema de las remesas, si bien es cierto que las remesas vienen teniendo un impacto positivo en la economía nicaragüense, la realidad es que dentro de Nicaragua no existen oportunidades de crecimiento, incluso en lo laboral, esto se traduce a falta de empleos con garantías sociales y el deterioro de los derechos económicos y sociales del país, principalmente a raíz del 2018.
Y es que no debemos de dejar pasar por alto el incremento de la informalidad laboral en Nicaragua y la reducción de empleos de calidad, sumando también el alto costo de la canasta básica y el salario promedio de las personas trabajando en la economía formal nicaragüense, es decir, en empleos en los que tienen acceso a un seguro social y otras garantías. Lamentablemente el costo de la canasta básica se traduce en que una persona tienda a tener al menos tres salarios mínimos para poder sufragar los costos de la misma y en otras ocasiones, ante la falta de empleos formales, no queda otra opción de que las personas tiendan a trabajar en empleos sin garantías sociales.
Según la organización Internacional del Trabajo (OIT) al 2024 la informalidad alcanzó su punto más alto en el 2024 debido al retiro de muchas empresas del país, por lo que muchas personas se quedaron sin empleo y no tenían otra opción de emprender en el marco de la informalidad con el fin de poder subsistir.

Entiéndase que “La informalidad laboral se refiere a todas aquellas actividades económicas y empleos que no están regulados por el Estado, lo que significa que las personas trabajadoras no cuentan con protección social y en general carecen de derechos laborales garantizados. La informalidad incluye tanto a quienes trabajan por cuenta propia sin registro como a quienes son empleados pero sin contrato ni beneficios”
Las remesas se han convertido en la principal fuente de ingreso en Nicaragua. Al año 2024 las remesas representan un total de 26.6% del total del PIB. En el año 2024 el principal país de origen de las remesas fue EEUU con un total del 82.2% del total de las remesas del país, seguido por Costa Rica con un 7.5%.

En Nicaragua las remesas han venido tomando repunte a raíz de la crisis de 2018. Es una fuente vital de divisas el cual sostiene en parte el consumo, la inversión y la estabilidad económica, en parte puede mejorar la calidad de vida de las familias en general al cubrir sus necesidades. A nivel macroeconómico las remesas aumentan el gasto público del país, mejoran y regulan la balanza de pagos y la cuenta corriente de la misma, ya que la entrada de dinero es en dólares, aportando también al crecimiento del Producto Interno Bruto del país. No obstante, la dependencia de las mismas, la desintegración familiar, la baja en el mercado laboral y el aumento de la informalidad hacen que las remesas también presenten un impacto negativo dentro de la sociedad misma.
De 2018 (Fecha de inicio de la crisis sociopolítica en Nicaragua) a 2024 las remesas han incrementado en un 249% pasando de 150,1 millones de dólares a 5243,1 millones de dólares.
La estrategia del régimen es clara: control de tipo de cambio, aumento de las reservas internacionales en dólares ante eventos imprevistos y por ende la separación de las familias con el fin de mantener armonizada la economía gracias a las remesas las cuales se han convertido en una de las principales variables de importancia en Nicaragua y por ende tiende a consolidarse a tener mayor repunte a nivel centroamericano.
“Las remesas constituyen un componente indispensable para la economía de Nicaragua, proporcionando apoyo fundamental tanto a nivel macroeconómico como microeconómico. A lo largo de las últimas dos décadas las remesas han exhibido un crecimiento sustancial, reflejando la resiliencia y adaptabilidad de la diáspora nicaragüense ante fluctuaciones globales y crisis internas.”
En conclusión, el análisis del papel de las remesas en la Nicaragua contemporánea, permite reflexionar sobre la necesidad de abordar la migración desde una perspectiva integral, que reconozca tanto su importancia económica como sus efectos sociales y humanos. Superar la dependencia de las remesas implica fortalecer el desarrollo interno, promover el pleno empleo digno y crear condiciones que permitan a las personas construir proyectos de vida sin verse obligadas a cruzar fronteras.
José López Arauz
Economista nicaragüense, ha realizado diplomados en gestión migratoria laboral en América Latina y El Caribe por parte de la OIM. Actualmente estudiante de periodismo Comunitario por parte d IPEN, UNESCO, Deutsche Welle.
