El 2026 ha sido un año de giros novelescos para la dictadura sandinista, comenzando con el “traslado” de Nicolás Maduro a Estados Unidos, mediante un operativo relámpago de fuerzas élite en Caracas, marcó el inicio de un colapso en cadena. Desde entonces mucha agua turbia ha corrido bajo el puente dictatorial socavando sus bases más críticas.
En primer lugar, el monopolio de su aparato de propaganda -destinado a promover “éxitos” inexistentes o de fragilidad insostenible- ha fracasado. El régimen se mantiene rezagado frente a la penetración de la prensa independiente que, desde el exilio, marca a diario la agenda informativa de la mayoría de la población, incluyendo a los propios simpatizantes del sandinismo. Asimismo, la creciente oleada represiva, que ahora intenta suprimir costumbres religiosas ancestrales, se confirma como el más palpable y fallido ejercicio del poder frente a la voluntad popular.
A este escenario se suma la reducción del círculo de operadores confiables en El Carmen. La inseguridad interna, promovida por una cacería de brujas desatada por la codictadora Rosario Murillo, ha debilitado su precario capital político. Murillo es señalada como la ejecutora de los más sonados casos de encarcelamiento contra allegados y miembros de su propio “círculo de hierro”, alimentando un clima de paranoia que fractura la lealtad interna.
En el plano financiero, el desempeño económico de la dictadura parece haber alcanzado su techo. El 2027 se vislumbra con restricciones severas que pondrán en jaque a la dictadura si no resuelve tres ejes que parecen estar atados: la continuidad del DR-CAFTA bajo condiciones ventajosas, la liquidez mediante préstamos de la banca multilateral y la permanencia de las remesas internacionales -provenientes principalmente de EE. UU.- que hoy aportan más del 30% del PIB.
La situación se agrava con la constante ampliación de la lista de sancionados. El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos incluyó recientemente a dos más de sus hijos en la lista de Nacionales Especialmente Designados (Lista SDN). Aunque la inclusión parezca inofensiva en el corto plazo, sus efectos implican una “muerte financiera” internacional. La banca global evita operar con cualquier entidad de dicha lista para no perder acceso al sistema de clearing en dólares. La tendencia de Washington es clara: expandir esta medida hacia testaferros y familiares de tercer grado que administran fortunas ocultas, poniendo en riesgo las lealtades compradas con dinero contaminado.
Otros escenarios complican aún más la trama: la vinculación con actividades criminales ha pasado de la sospecha a la acusación formal. Se ha confirmado que el régimen facilita la extracción ilícita de oro en Las Crucitas (Costa Rica), material que se procesa y exporta mediante asociaciones con empresas chinas de carácter puramente extractivista, desvinculadas de cualquier afinidad ideológica. Además, el asesinato del opositor Roberto Samcam en Costa Rica a mediados del año pasado, y los atentados contra Joao Maldonado, han sido calificados por organismos internacionales como “represión transnacional”, evidenciando redes de inteligencia nicaragüense operando en territorio costarricense con apoyo local.
Finalmente, informes de inteligencia señalan a Nicaragua como “puente seguro” para el narcotráfico, escoltando cargamentos a cambio de peajes utilizados para financiar el aparato represivo. Analistas de seguridad sugieren que el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández proporcionó información crítica, a cambio de beneficios procesales, sobre las rutas compartidas entre el Cartel de Los Centellas de Honduras, el Cartel de Los Soles de Venezuela y altos funcionarios nicaragüenses.
Este panorama demuestra que para la familia Ortega Murillo, el desalojo del poder es ya un caso de vida o muerte; sus rutas de escape se estrechan cada día más. Solo falta la otra parte de la ecuación para acelerar la caída: la unidad de todas las fuerzas opositoras y una comunidad internacional más beligerante que cierre, de una vez por todas, las válvulas que oxigenan el régimen.
Ezequiel Molina
Abril 20, 2026
