La corrupción institucional es consustancial al orteguismo, un régimen absolutista, sin libertad ni control alguno, en el que el Estado lo abarca todo y la corrupción, el clientelismo y la mezcla entre intereses públicos y privados llega a todos los rincones. Todo empezaba, además, por el propio régimen Ortega-Murillo.
Y de ahí para abajo, veda libre. Ministros, generales, jerarcas sindicales y altos cargos del partido orteguista camparon a sus anchas en un marco de impunidad consentido desde las más altas instancias. A sumar a ello la rapiña derivada de confiscar las propiedades de los exiliados, instituciones religiosas, ONG´s que ha permitido entrar a saco y robar (tierras, casas, propiedades…) el patrimonio de los opositores.
El régimen Ortega-Murillo es el gobierno más corrupto de la historia de Nicaragua que utiliza los aparatos de justicia y de la policía para el enriquecimiento de los miembros de los círculos de poder y sus allegados. La corrupción hay que medirla de distintas maneras (legal, ética o institucional) y la historia reciente nicaragüense cuenta con varios mandatarios corruptos (Somoza García, Somoza Debayle y Alemán).
Al decir que el régimen Ortega-Murillo ha sido del gobierno más corrupto nos basamos en la cantidad de dinero, escala y naturaleza institucional de sus desafíos legales o actos de corrupción (falsificación de registros comerciales, robo de propiedades, cobro de comisiones y manejo de información clasificada) y éticos (alianza con el narcotráfico, apropiación de bienes nacionales a favor de la «familia» y sus aliados económicos y políticos), acciones que no tienen precedente en la historia de Nicaragua para el enriquecimiento inexplicable de los anillos de poder.
Igualmente, la “familia” utiliza el poder para beneficiar a aliados económicos, financieros, empresariales y políticos claves para el sostenimiento de la dictadura. Luego está las concesiones mineras a empresas chinas por decisión directa de la “familia” o las múltiples empresas (comerciales, cafetaleras, ganadería, bienes raíces, etcétera) en las que la “familia” ha invertido dinero aprovechando su poder político o la fusión con instituciones financieras pertenecientes a la oligarquía tradicional o los miles de millones de dólares en contratos e incentivos gubernamentales o el lavado de dinero del narcotráfico.
Por último, el negocio de la “familia” consiste, literalmente, en vender acceso a concesiones de todo tipo, razón por la cual los capitalistas extranjeros, que buscan ganarse el favor de la “familia” Ortega-Murillo, los extranjeros han colaborado con dinero a raudales. Es decir, por conducto de su maquinaria política la “familia” controla los negocios, la política y la sociedad nicaragüenses en detrimento de la mayoría de la población.
