El crimen cometido por la dictadura sandinista que condujo a la muerte al líder caribeño Brooklyn Rivera reavivó la condena internacional contra el régimen. La ONU, la OEA, Canadá, Estados Unidos y otros países y organizaciones condenaron el brutal manejo del aparato represivo sandinista a la vez que quedó al descubierto, una vez más, la capacidad criminal de la dictadura, su obstinada decisión de permanecer en el poder y su actitud retadora a la política exterior ̶ Doctrina Donroe ̶ de EE.UU.
Ese juego político de forcejeo de los dictadores nicaragüenses podría estar posicionándose en el lugar equivocado; su cálculo político los estaría enrumbando hacia arenas movedizas en el actual contexto geopolítico. Su creciente acercamiento a Rusia como aliado militar y de seguridad, sumado a su constante exhibición de afinidad política con Vladimir Putin, podría estar colocándolos directamente en el radar estratégico de Washington.
Al respecto, el Departamento de Estado, encabezado por Marco Rubio, ha enviado señales claras de que actos represivos de la magnitud del crimen de Rivera ya no son un asunto estrictamente interno, sino una variable que influye en la percepción de riesgo que tiene Estados Unidos y otros países, abriendo la posibilidad de escenarios que hasta hace poco parecían improbables.
El comunicado oficial del Secretario de Estado de EE. UU. del 8 de junio pasado es relativamente novedoso por el tono y lenguaje empleado, implicando una condena política y diplomática directa y responsabilizando explícitamente a la “dictadura Murillo-Ortega” por la muerte del dirigente miskito y preso político Brooklyn Rivera. También les atribuye responsabilidad directa por la muerte de presos políticos específicos, además enfatiza sobre la rendición de cuentas individual por graves violaciones de derechos humanos.
El esfuerzo dictatorial por mostrar fortaleza y control absoluto es una quimera; los signos de aislamiento y fragilidad estratégica son cada vez más evidentes. El silencio impuesto dentro del país parece tener un costo acumulativo creciente en el escenario internacional. Los presos políticos muertos bajo custodia del Estado son ya un grueso expediente que colocan al régimen en el centro de la atención internacional, mostrando que las violaciones sistemáticas de derechos humanos no desparecen con el apagón informativo y tampoco por decreto.
Las condenas, sanciones y otras medidas adoptadas contra la dictadura, no constituyen en si un verdadero riesgo, sino la posibilidad de seguir cometiendo errores de cálculo en un momento geopolítico particularmente volátil. La historia demuestra que las dictaduras rara vez caen por una sola causa. Se desgastan estructuralmente por la acumulación de errores, por la reducción progresiva de sus márgenes de maniobra y por la incapacidad de interpretar los cambios del entorno. La arena movediza sobre la que hoy se desplaza el régimen Murillo-Ortega se alimenta precisamente de esos elementos. La acumulación de tensiones, internas y externas, terminará alterando el equilibrio de poder que hoy sostiene a la dictadura. La dirección de los acontecimientos parece cada vez más evidente.
Ezequiel Molina
Junio 10, 2026
