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Ciudad del caos, ciudad de esperanza

Managua, Nicaragua 15/02/2016 . transporte urbano colectivo hora pico en el sector de la rotonda centroamerica. Foto Maynor Valenzuela/LA PRENSA

Desde el destructivo terremoto de 1972 la ciudad carece de un centro, y aunque su nomenclatura urbana era incipiente, el sacudión eliminó toda referencia urbana, así se convirtió en la ciudad de referentes mentales, “de donde fue”, o “donde era”, es la ciudad de lo inesperado e improvisado, sus aceras son una extensión de la vivienda, ya sea que se yerga un changarro, donde se vende cualquier cosa o se presta un servicio, o quizás simplemente es el estacionamiento del vehículo familiar; colectores de plástico, vendedores, compradores de chatarra y predicadores patrullan las calles de los barrios de lunes a domingo. Más allá de ser el principal centro urbano, es el centro de sobrevivencia de desempleados, es el refugio de perseguidos políticos que se confunden en la espesura poblacional y el principal centro comercial de la intrincada red de negocios nacional.  

Conducir en Managua un vehículo automotor requiere destreza, paciencia y valor, es una aventura cargada de adrenalina, es desplazarse entre una agresiva y desafiante turba de conductores que desconoce o violenta sistemáticamente cualquier regulación o señal de tránsito, donde peligran transeúntes y conductores; y es que un número de conductores ni siquiera leyeron el manual que la Policía Sandinista les obliga a comprar, como requisito para poder obtener la licencia de conducir, porque mediante una cadena de sobornos a través de una organizada maraña de escuelas de manejo, instructores y policías se puede obtener una licencia de conducir, sin ni siquiera saber conducir.

Los desechos plásticos son parte del paisaje urbano, los botaderos ilegales esparcidos a lo largo y ancho de la geografía urbana, más de 450, incluyen una red de 145 kilómetros de cauces que atraviesan la ciudad, y que a la larga es el vertedero natural de toda clase de desechos, pero el ciudadano promedio está enterado que eso causará inundaciones, diseminará plagas y enfermedades, y además contaminará las aguas del Lago de Managua, pero eso es irrelevante, porque al parecer, un alto funcionario de la comuna capitalina está a cargo de llevar a cabo las tareas de limpieza en condición de contratista privado, soslayando las regulaciones de transparencia en la licitación para la prestación de ese servicio, sólo en 2022 se invirtieron más de 40 millones de córdobas en la limpieza de cauces, y no sólo eso, en la primera mitad del presente año, la comuna “revivió” una ordenanza de 2013 que establece sanciones de 500 a 5 mil córdobas a aquellos que tiren basura; los medios de propaganda del régimen dieron amplia cobertura a la aplicación de multas y a la campaña de concientización ciudadana, pero repentinamente dicha campaña, y las multas, se esfumaron, y es que el mencionado funcionario, “contratista privado”, mandó a parar dicha campaña, ya que eso significaba una pérdida millonaria al ver mermada las toneladas de basura depositadas en botaderos ilegales y cauces.

Pero Managua seguirá siendo el referente político, económico y urbanístico por excelencia, en esta sociedad asediada por el desempleo, la inflación y la fuga masiva de ciudadanos productivos a otras latitudes; llegará la hora de reconvertir Managua en un floreciente centro de libertad y esperanza, de cultura y diversión. Estamos esperando.

Ezequiel Molina

Octubre 17, 2023