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Ezequiel Molina | Octubre 4, 2024  

Y se fue el general, sin su Estado Mayor, muy cercano a la pena y bastante alejado de la gloria, y con un saldo rojo que corresponde a las divinidades perdonar. No se trata de “hacer leña del árbol caído”, pero tampoco es aconsejable seguir el extendido patrón cultural de exaltar las pocas bondades que cualquier mortal tuvo en vida y ocultar sus desaciertos. Al ser una persona pública, vinculada a las esferas de gobierno y en posiciones cimeras, donde las decisiones tomadas pueden beneficiar o afectar a miles o millones de ciudadanos, las evaluaciones son inevitables, y en el caso del fallecido ex general, las opiniones divergentes son casi obligatorias.

Entendemos que personajes vinculados al poder político, actualmente o en el pasado reciente, tienen una forma de ver las cosas que difiere de la percepción de quienes hemos vivido en el llano de la vida, donde las decisiones tomadas sólo inciden, generalmente, de manera personal, y en algunas ocasiones a nuestro círculo cercano de familiares o amigos; estos personajes, que tuvieron o tienen poder, ahora que el ex general se ha marchado nos relatan acontecimientos puntuales que resaltan el pragmatismo y la sensatez del ex general, y de lo que estamos seguros, no es exagerado. Visto esto a la luz de los hechos, es probable que la divulgación de esos relatos, antes de su partida, podrían haber generado algún cambio positivo en las trágicas condiciones en las que vive el pueblo nicaragüense actualmente; tal vez el ex general hubiera asumido una posición sistemáticamente más beligerante, y esto a la vez ejercer influencia en algunos de sus antiguos subordinados y compañeros de armas, pero todo lo que se describa, en el amplio abanico de posibilidades, es meramente especulativo.

Crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad atribuidos al ex general, permanecen en el limbo de la impunidad que vive Nicaragua desde décadas atrás, pero hay muchos otros actos protagonizados por este personaje que deben redimirse en un futuro de democracia y libertad; los ex miembros del Ejército Popular Sandinista -incluyendo los llamados ex cachorros- que sólo llevaron a sus casas las mutilaciones y cicatrices propias de un conflicto armado, los desarraigados de sus tierras, incluyendo las víctimas de la Navidad Roja, y tantos otros que vieron destruidas sus vidas por las decisiones del ex general y sus camaradas, deben ser indemnizados. ¿Dónde están los millones de dólares de la venta de helicópteros de combate y otros pertrechos militares realizada por el ex general?