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¿Elecciones y diálogo con asesinos?

Ezequiel Molina | Diciembre 10, 2024

En un reciente editorial del diario La Prensa (2/12/24), se promueve la vía electoral como única salida a la profunda crisis que atraviesa Nicaragua, crisis generada por la pareja asesina de dictadores, sus operadores represivos (armados y civiles), y sus cómplices económicos, que a diario batallan para apoderarse de las riquezas nacionales y perpetuar un modelo de distribución del ingreso que ha arrasado con la movilidad social y sumido en el desempleo, subempleo y pobreza a la mayoría de ciudadanos, así como provocar la mayor tragedia migratoria de la historia reciente en Centro América. Y es que el mensaje de dicho editorial cumple el papel de “abogado del diablo”, al argumentar que “…mantener el criterio de que la vía electoral es la indicada para lograr el cambio democrático, no significa participar en elecciones sometidos a las condiciones actuales impuestas por la dictadura. La participación solo puede ser en elecciones libres, justas y transparentes, para las cuales se tienen que crear antes las condiciones materiales y políticas apropiadas”, lo anterior evoca un proceso parecido al experimentado en 1989, el que para La Prensa es el diamante de la corona, sin embargo, el actual contexto imposibilita la participación de los sandinistas en cualquier escenario de lucha política debido a, por mencionar un solo argumento, las acusaciones que sobre ellos penden de crímenes de lesa humanidad.

A ésta errática, irresponsable e irrealizable interpretación de lo que debe hacerse en Nicaragua, se suma la voz del líder máximo de la iglesia católica, quien en su ángelus de los domingos, desde la Catedral de San Pedro en Roma, y en ocasión de la celebración de La Purísima nicaragüense, llamó a un diálogo, que implícitamente involucra a la pareja dictatorial, “Ojalá que la Virgen María les abra el corazón de todos y busquen siempre el camino de un diálogo respetuoso, constructivo, a fin de promover la paz, la fraternidad y la armonía en el país”, ignorando una vez más, que los dictadores no están interesados en ningún diálogo, mucho menos aquel que facilite su salida del poder. Tal vez desilusionado por la posición papal, es que el despatriado obispo nicaragüense, Silvio Báez, ha roto su silencio, expresando desde una iglesia en Nueva York, y refiriéndose a la dictadura sandinista, “…ha quitado todas las libertades a la población y ha convertido el país en una gran cárcel, una dictadura criminal que persigue la Iglesia, expulsa del país a sacerdotes y obispos, encarcela a quien no piensa como ellos y ha hecho que el pueblo viva con temor, con el miedo de ir a la cárcel, de ser espiado, Nicaragua se ha vuelto un país muy triste”

Los únicos nicaragüenses que promueven la violencia son los que acompañan a los dictadores en su delirio ideológico y su fundamentalista visión del mundo; y seguramente los servidores públicos, especialmente aquellos que integran los cuerpos armados y que no han cometido crímenes contra la población, están ansiosos de que la pesadilla dictatorial termine cuanto antes. Debemos promover, desde ya, un proceso de Justicia Transicional que proporcione a víctimas y victimarios lo que cada uno merece, aunque ello implique múltiples obstáculos sociales, económicos y políticos, en la búsqueda de un equilibrio entre la pacificación y la aplicación del valor supremo de la justicia. Lo más importante es que se sabe quiénes son los victimarios, y siendo las víctimas toda una colectividad nacional, podríamos contar con un importante apoyo internacional para lograr la mayor aproximación posible a la justicia, y así producir un sólido y duradero rumbo hacia la paz.