Más de un millón de nicaragüenses diseminados en varios países del mundo, puestos en fuga por la represión dictatorial, la pobreza y la falta de libertad, no parece ser suficientemente cruel para la brutal pareja dictatorial, que cada día inventa medidas para ahondar la disrupción social que afecta a centenares de miles de familias separadas; la recién aprobada reforma a la Ley 761 -Ley General de Migración y Extranjería de Nicaragua- es básicamente el secuestro colectivo más grande de la historia de este afligido país, ya que deja en manos de los cuerpos represivos la decisión de dejar entrar o salir del país a quienes ellos estimen conveniente, la militarización de las fronteras es un hecho, y el uso de armas de fuego contra quienes intenten cruzar fronteras por puntos ciegos está autorizado desde El Carmen.
El temor de visitar al familiar radicado en el exterior es el común denominador de quienes planean viajar para una reunión familiar navideña, de regreso podrían ser señalados de “menoscabar la soberanía nacional” o “representar un riesgo social”, dos acusaciones que no necesitan ningún argumento, prueba o soporte, más que la palabra del funcionario a cargo. Y es de todos conocido lo que sigue: destierro, confiscación de bienes y persecución y hostigamiento a los familiares que todavía residen dentro del país. Para cerrar el círculo de abuso y macabra burla de la pareja asesina, sólo dejan una puerta abierta al exiliado: el envío de dólares que llenan el enorme hueco de desempleo, salarios de hambre y aumento del costo de vida.
El pedimento de Navidad sin reos políticos, fue una constante durante la dictadura somocista, pero el “perfeccionamiento” de las escaladas represivas del sandinismo han ido en aumento desde 1979, y en esta “segunda etapa de la revolución” hemos llegado a extremos inimaginables, parece que el relativo silencio criminal de los 16 años de gobiernos democráticos, y digo relativo porque durante ese período, las fuerzas sandinistas actuaron desde la oscuridad y la impunidad para asesinar a centenares de ex miembros de la Resistencia Nicaragüense, sirvieron para estructurar una hoja de ruta cargada de maldades que no parece tener límites.
Con el estreno del remedo de Constitución a inicios del próximo año, podríamos estar cerrando uno de los ciclos más tristes de la historia contemporánea de Nicaragua, los seis millones de habitantes serán reos con libertad condicionada, y los abusos de los cuerpos represivos y de seguridad son alentados desde ya desde la “co presidencia” y sus órganos operativos: judicial, legislativo y electoral. Pero los tiempos políticos de sobrevivencia de la dictadura podrían estar llegando a terrenos muy volátiles, la agudización de las sanciones económicas internacionales y la reducción de fuentes de financiamiento externo, además del aislamiento internacional y la condena mundial al régimen podrían tener efecto multiplicador en su incapacidad de dinamizar la economía, reducir el desempleo y sobre todo disminuir la silenciosa batalla que cada nicaragüense libra desde su casa para deshacerse de la oprobiosa dictadura.
