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El presidente electo que no supimos defender

José Alberto Montoya | 28 enero 2025

Recientemente la Corte Interamericana de Derechos Humanos acaba de condenar al Estado nicaragüense por “falta de integridad del proceso electoral” de 2011, es importante destacar que desde entonces, el Estado ya estaba cooptado por Daniel Ortega y su cúpula de poder que de un momento a otro se redujo a su familia. Tras los acuerdos que alcanzó con el expresidente Arnoldo Alemán y jerarcas liberales, Ortega no solo logró puestos significativos en los poderes del Estado, puestos que en democracia la tendría más difícil.

Entendiendo que ya para el año 2011 la democracia era una breve utopía ya para los nicaragüenses, el orteguismo logró consolidar su proyecto en el país, basado en despojar a la ciudadanía de todos sus derechos constitucionales, para luego, construir lo que en este 2025 la dictadura ha llamado “un Estado revolucionario” sintetizado en un estado creado a la medida de la familia usurpadora del poder.

Proceso que contó con cómplices más allá de la gente del Partido Liberal Constitucionalista, cuando tanto la Corte Suprema de Justicia (cuyo uno de aquellos magistrados hoy se encuentra en el exilio), como los magistrados del Consejo Supremo Electoral, ignorando por completo lo dictado por la Constitución Política, permitieron la candidatura y reelección del Comandante Ortega.

Y también con la complicidad paulatina de parte importante de la población políticamente activa de la época, que fue restándole importancia a las maniobras de sus políticos de preferencia, hasta que ellos, les decepcionaron y les dejaron un país sumergido en el caos de una dictadura.

Don Fabio Gadea Mantilla, empresario radial que llegó a las familias del país por medio de su personaje Pancho Madrigal y dotaba de empoderamiento popular a las zonas rurales a través de sus cartas de amor a Nicaragua, pese, ser un liberal de carrera y consuegro del expresidente Alemán, tomó la decisión de aceptar la candidatura presidencial  ofrecida por la Coalición por la Democracia, una alianza de partidos políticos donde destacaron el Partido Liberal Independiente, hoy Ciudadanos por la Libertad; y el Movimiento Renovador Sandinista, hoy Unamos.

La fórmula de don Fabio fue el economista y excandidato presidencial Edmundo Jarquín que representaba el pensamiento socialdemócrata de sandinistas que aspiraron a construir verdaderamente un país que guardara las distancias de propuestas como las de Ortega. Era el momento idóneo de avanzar hacia una verdadera reconciliación, no impuesta ni maquillada, todo lo contrario, una reconciliación que partiría desde el reconocimiento, el diálogo y la verdad.

Gadea propuso un gobierno para todos, si bien, en algunos puntos fue implacable en no avanzar en algunos puntos importantes para un Estado progresista, don Fabio fue la oportunidad para restablecer  la democracia y así, conquistar derecho fundamentales para distintos sectores sociales de la población.

 Tras una fuerte campaña que probablemente fue la última campaña que obligó a la pareja presidencial a cabildear votos entre la ciudadanía de verdad, donde don Fabio y Edmundo contaron con el amplio recibimiento de la población en casi todos los departamentos del país, aquel 06 de noviembre de 2011, pasó lo que se esperaba, el Consejo Supremo Electoral anuncia que el Frente Sandinista y su candidato es merecedor del 62% de los votos, algo que contrastaba con la voluntad popular expresada en las calles y en las bocas de urnas, sobre todo en los sectores rurales.

            La población supo que eso había sido un enorme fraude electoral, una repetición del primer gran fraude orquestado en las elecciones municipales de 2008; Daniel Ortega se juramentó como presidente de la República, mientras que don Fabio no reconoció aquella elección nunca, tanto que no aceptó la diputación que le correspondía por ley.

            Tanto la población como sus diputados y sus aliados, no supimos defender al presidente electo, y no a Fabio Gadea, no supimos defender nuestra voluntad popular, nuestra soberanía y nuestra democracia que fue producto de una bonita revolución popular y de un proceso de transición protagonizado por la presidenta Violeta Barrios; nos faltó la gallardía del pueblo venezolano que desde siempre supo que su presidente es don Edmundo Gonzáles, y así, la Corte IDH trece años después le ha dado la razón al presidente Gadea Mantilla.