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Ezequiel Molina | Febrero 5, 2025

Las primeras cartas del juego geoeconómico están sobre la mesa, las promesas de Trump, entre amenazas y hechos, están llegando a sus destinatarios, Colombia fue el primero en experimentar cuán lejos puede llegar el temperamental inquilino de la Casa Blanca, cuando en un arrebato del presidente colombiano a través de las redes sociales, se negó a recibir al primer contingente de deportados colombianos, los resultados no se hicieron esperar, varias ramas de la actividad económica colombiana se vieron gravemente amenazadas, pero la efectiva gestión de la jefa de la diplomacia colombiana, quien echando mano hasta de jurados enemigos del presidente Petro, como es el caso del ex presidente Álvaro Uribe, cabildeó exitosamente, logrando congelar la amenaza de un incremento arancelario de 25% a toda importación estadounidense desde Colombia.

En otro episodio, Canadá y México lograron llegar a acuerdos con Trump, a través de pláticas bilaterales directas, en las cuales básicamente se comprometieron a cumplir las demandas establecidas por el mandatario estadounidense, y aunque el aplazamiento del incremento arancelario se logró paralizar por un mes, es evidente que la incertidumbre y desconfianza de lo que sucederá en los años venideros, será la norma que guíe el comportamiento de los agentes económicos en ambos países. Con China las cosas van, hasta ahora, por otro camino, la potencia asiática respondió de manera inmediata al incremento de las tarifas arancelarias con medidas similares, lo que la convierte en la primera potencia económica en plantarse con firmeza ante un Trump que, según los entendidos, podría desatar una escalada inflacionaria global de la que nadie saldrá ileso.

Y Centro América, tan pequeña y tan dividida, recibe al secretario de Estado, Marco Rubio, quien en su periplo diplomático visita a los países miembros del DR-CAFTA, excepto Honduras y Nicaragua, logrando acuerdos importantes con Panamá y El Salvador, y esperando similares resultados en Costa Rica y Guatemala. Los acuerdos que haga con Costa Rica serán claves para la dictadura de Nicaragua, puesto que con el mandatario del vecino país tratará el tema migratorio y las posibles afectaciones al excluir a Nicaragua del DR-CAFTA, entre otros temas que podrían tener impacto en nuestro país.

Mientras tanto, la dictadura y sus socios económicos locales guardan absoluto silencio frente a los posibles efectos de las medidas acordadas entre Washington y los países visitados; no descartamos que la visita de Rubio haya provocado pláticas al más alto nivel entre la cúpula económico-financiera nicaragüense y la pareja dictatorial a fin de, muy al estilo sandinista, confirmar la lealtad de dicha cúpula hacia los dictadores. Hoy se confirma lo planteado en el sentido que, China y Rusia, mucho menos Venezuela, están en posición de salir en defensa de Nicaragua en el plano económico, frente a la posibilidad de que sea expulsada del DR-CAFTA, pero también confirma que la dictadura, atada de pies y manos ante esa sanción económica, sólo le queda apretar los torniquetes represivos, los que ciertamente ha perfeccionado a través de la implementación de una Constitución absolutista y la creación oficial de un cuerpo paramilitar armado y entrenado para sembrar el terror.

Probablemente el cálculo de sandinistas y sus acólitos del gran capital, es soportar los cuatro años de la administración Trump, a sabiendas de dos cosas: primero, que Trump no está interesado en erigirse “libertador” de pequeñas economías, y segundo, que los desastrosos efectos en la economía nacional serán cargados a las espaldas de la mayoría de ciudadanos nicaragüenses. Nada de eso nos resulta desconocido.