Leonel Argüello Yrigoyen, médico especialista en epidemiología
Saber nadar es una habilidad básica para la supervivencia. No solo permite disfrutar del agua de manera segura, sino que también reduce significativamente el riesgo de ahogamiento, uno de los accidentes más frecuentes y prevenibles del mundo. Según la OMS, 822 personas mueren a diario en el mundo y, de ellas, el 7% (58) en América Latina, especialmente niños y jóvenes.
En muchos países de Centroamérica, como Guatemala, Honduras, Nicaragua o El Salvador, existen factores que aumentan el riesgo, entre ellos, la gran cantidad de ríos, lagos y costas, la escasez de piscinas públicas o de programas de natación, la escasa educación en seguridad acuática y la supervisión insuficiente de los niños en zonas rurales.
En muchos países latinoamericanos no existen estadísticas exactas, pero los estudios muestran que el 72% de los adultos nunca ha tomado una clase formal de natación y 26% dice que no sabe nadar.
Los especialistas recomiendan aprender a nadar entre 1 y 4 años para familiarizarse con el agua, entre 4 y 6 años para el aprendizaje formal de la natación y a partir de 6 años para el perfeccionamiento. Aprender a nadar a temprana edad reduce significativamente el riesgo de ahogamiento infantil. Sin embargo, se puede aprender a cualquier edad, incluso después de los 60 o 70 años.
¿Por qué se ahoga la gente? Las causas más frecuentes incluyen no saber nadar, pánico en el agua, fatiga muscular, corrientes fuertes en ríos o en el mar, consumo de alcohol o drogas y falta de supervisión de los niños. Un aspecto poco conocido es que el ahogamiento suele ser silencioso. Muchas personas no gritan ni levantan las manos porque están luchando por respirar. Si levantas las manos, te hundes.
Una persona sin entrenamiento puede aguantar bajo el agua entre 30 y 90 segundos sin respirar; el daño cerebral puede presentarse entre 3 y 5 minutos sin oxígeno, y a los 10 minutos existe un alto riesgo de muerte.
La natación es uno de los ejercicios más completos, pues mejora la salud cardiovascular, fortalece los músculos y los pulmones, ayuda a controlar el peso, aumenta la flexibilidad y es ideal para personas con problemas articulares. Una hora de natación puede quemar entre 400 y 700 calorías.
También produce beneficios mentales, reduce el estrés y la ansiedad, mejora el sueño y promueve el bienestar psicológico. Los adultos mayores también pueden beneficiarse.
Saber nadar es importante, pero saber qué hacer en una emergencia es igualmente vital. Las habilidades básicas recomendadas de primeros auxilios incluyen la RCP (reanimación cardiopulmonar), las técnicas de rescate sin poner en riesgo al rescatista y el reconocimiento de los signos de ahogamiento. Estas habilidades pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Promover la enseñanza de la natación desde la infancia, junto con la educación en seguridad acuática y en primeros auxilios, podría prevenir miles de muertes cada año y mejorar la salud de la población.
