Por Carlos Mejía Godoy
Querida hermanita:
Cuando empezaba a hacer mis primeros pinitos y mi silvestre ALFORJA CAMPESINA se iba “colando” en las emisoras, vos ya ocupabas un sitio como pionera de la danza folclórica, arropada con el ala paternal de nuestro CAMILO ZAPATA. Así, cuando me invitaste a “tocar serrucho”, ya tenías tu programa en Radio Mundial.
Un día me dijiste: -Te voy a presentar a un personaje que te va a fascinar-. Y apareció con su ancha sonrisa EL INDIO PAN DE ROSA, que -a partir de ese día- se convirtió en mi compañero de trovas y aventuras.
Vos, Irene de mi alma, fuiste desde entonces mi cómplice en la terca lucha por el arte y la cultura. Además, compartimos esa frenética pasión por devolverle al pueblo lo que él nos entregó.
Quien diría que siendo vos la PRIMERA DAMA de la Danza tradicional, frecuentemente visitabas Monimbó. Y decías con proverbial modestia: “Hay que volver a las raíces, para seguir aprendiendo”.
Ahora que volás rauda y feliz a la Casa del Padre, noto que te vas riendo al escuchar decir QUE DESCANSE EN PAZ. Yo que conocí tu incansable vocación de sembradora, te estoy viendo llegar. Y sin perder tiempo, estarás repartiendo a los angelitos: huipiles, abanicos, cotonas, caites y sombreros, para enseñarles a bailar EL SOLAR DE MONIMBÓ. Y nuestro Clarinero mayor te dirá: – Ahora sí Irenita, date gusto. Tenés la eternidad para “despacharte hermoso”.

*Carlos Mejía Godoy | Músico y compositor nicaragüense
