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¿Cuándo se cansarán de matar?

Henry Briceño Portocarrero | 28 agosto del 2025

Mataron a los estudiantes de la Upoli, asesinan a los estudiantes de la Unan, a balazos destrozan gargantas a estudiantes de la UNI, arrebatan vida a Alvarito Conrado; disparan contra una bebé en calles de Managua, un francotirador destroza cabezas de monimboseños, una mujer policía elimina de un balazo en el tórax a un niño en el mercado de Masaya. Mataron a Herty Lewites, también a Alexis Arguello.

Antes, un sicario de Daniel y Rosario cegó la vida de Carlos Guadamuz, luego asesinaron en la cárcel a Hugo Torres, días antes en patios de la cárcel mataron a Eddy Montes, en hospital por cárcel le quitaron la vida a Humberto Ortega. En el rebelde Jinotepe destrozaron a balazos a 18 muchachos, en Diriamba “agarraron” puntería con los jóvenes del barrio “San Pedro”, quemaron viva a toda una familia en el barrio “Carlos Marx”, también, ametrallaron a otra familia en las Jaguitas de Managua y otra en El Carrizo, Somoto, y otra en la Cruz del Río Grande, Caribe Sur…y otra, otra, otra y otra…muchas más.

Rosario Murillo, hoy con más poder que el tembeleque de Daniel Ortega ordenó a Julio Avilés Castillo enviar sicarios a qué le disparara ocho balazos a Roberto Samcam en Costa Rica. En San José, los mismos sicarios de Ortega y Murillo han intentado asesinar a Joao Maldonado en dos ocasiones. Lo último, secuestraron el 18 de julio del corriente a Mauricio Alonso en el sufrido Jinotepe en excelente estado de salud y el 25 de agosto del mismo llaman por teléfono a su familia para que vaya a retirar el cadáver de la morgue.

A los familiares de Mauricio Alonso, a punta de fusil, no permitieron hacer autopsia, velarlo y sepultarlo cristianamente. El cadáver de nuestro buen amigo Mauricio acompañado -sin solicitar esa fea compañía-de guardias asesinos de la morgue al cementerio. No satisfecha, la guardia Orteguista Murillo, estuvo apuntando con sus fusiles, noche y día, la tumba de Mauricio Alonso. Tenían miedo de que resucitara y se saliera de su tumba a combatirlos.

Matan, matan y matan, siguen matando, nadie los detiene. El pueblo desarmado, amenazado y aterrorizado. Cuando un país, fuerte y civilizado, ayudará a detener esta vorágine de sangre. ¡Cuando Dios mío!, ¡Cuando Jesús sacramentado! ¡Cuando liberarás a tu pueblo! Cuando la dictadura Ortega-Murillo se cansará de matar a tantos nicaragüenses.

Henry Briceño Portocarrero | Desterrado y confiscado